Vale, partamos por el hecho que era un verano normal… Quiero decir normal en Marysville, el pequeñito pueblo a tres horas de Seattle en el que vivía. ¡Era un día hermoso! De esos en los que dan ganas de saltar de alegría, Sí, por que muy pocas veces al año teníamos sol. Sí, por que en Marysville, a pesar de ser un pueblito de EEUU, estábamos mucho más cerca de Canadá, con lo que eso conlleva.
-¡Ha! Que hermoso día… ¿No lo crees así enana? – Mi estúpida hermana mayor enfatizó la palabra”Enana” mientras sonreía con su asquerosa mueca de Barbie y se estiraba luciendo ante los vecinos su nueva tenida de deportiva. A pesar de ser un pueblito tan pequeño y escondido entre las montañas, el modelo de “Adolescente Americano” que reinaba en Marysville no distaba mucho del de los chicos de New York o Los ángeles… También teníamos nuestras versiones locales de Paris Hilton o de Lincey Lohan y por desgracia mi hermana era una de ellas. Por suerte que había salido de la secundaria hacia dos años, por que los dos años que tuve que compartir con ella en esa escuela fueron horribles… Tanto así que no lo quiero recordar. Ariane no había cambiado en nada en sus dos años fuera de casa, y como era de esperarse, se había convertido en la líder del movimiento Delta de la universidad de Seattle. Era totalmente diferente a mí… Tanto en el lado físico como en el de personalidad. Yo tenía dieciocho años y medio, pero aparentaba mucho menos, era más bien bajita, de un metro cincuenta y cinco, de piel mate normal y cara con forma de corazón. De Ojos almendrados de pestañas espesas y más oscuros que mi cabello castaño. Lo que más me gustaba de mi, era el conjunto perfecto que hacía mi respingada nariz y mi boca bien definida, que eran la envidia de mi hermana y eso me gustaba (Desgraciadamente era lo único). Ella en cambio era alta, un metro setenta, curvilínea, de cabello claro y ojos verdes, de esas chicas que llaman la atención en cualquier lugar al que van. Ariane era linda… pero lamentablemente habría la boca y estropeaba todo… Vale, creo que exagero… tampoco era tonta… en realidad me ganaba en lo que es calificaciones, pero las demás cosas desagradables de su personalidad, como su afición por la moda, por lo que está IN y es más, por los que están IN, hacia que la odiara. Una típica Porrista. Yo no, yo era más impulsos y corazón.
- Claro… - dije conteniendo la ira mientras me sentaba en la banquita del porche a mirar el jardín delantero de nuestra casa. Me irritaba Ariane, pero había tenido tantas peleas con mis padres por su culpa, que prefería callarme “Dos semanas, dos semanas y es todo” susurré para mi misma y me callé.
Dieciocho años y una vida que comenzar. La secundaria había terminado para mi hacía dos meces y estaba pronta a ir a la universidad. Mi rendimiento no era malo, por lo que me habían aceptado en Los Ángeles, en una presagiosa universidad privada. Esa era una de las ventajas de tener unos padres con buena situación económica, que puedes elegir donde quieres hacer tu nueva vida y yo por su puesto, al contrario que Ariane, había decidido correr lo más lejos de casa que las posibilidades me lo ofrecían. No es que no los quisiera, pero quería arrancar de alguna manera de ese pequeño pueblito al norte del país, que era demasiado frío, en todos los aspectos, para mí.
Me levanté de la silla luego de un rato y entré a la casa, el sol era delicioso, pero la compañía, quien hablaba por celular con sus súbditas sobre los últimos chismes de la universidad o sobre lo mal que se veía tal chica hacía que me sintiera mal, era horrenda.
Eran las tres de la tarde así que decidí llamar a Caroline, mi mejor amiga desde que tenía conciencia, para invitarla a tomar un capuchino a Starbucks en el centro comercial y que de paso me acompañara a comprar algo que quería. (Aun que no lo crean, Marysville si contaba con un centro comercial, como todo pueblo que mereciere respeto en EEUU). Caroline aceptó de inmediato… hacía tres días que no nos veíamos y nos quedaba tan poco tiempo juntas… que cualquier minuto desperdiciado sería un error. En realidad ella era como mi hermana, con ella había vivido las cosas importantes que marcan a toda adolescente… La primera fiesta de primavera, el primer cigarrillo, etc.
Entre a mi cuarto y me cambie ropa. Tomé unos jeans azulinos, una camiseta de algodón y mis zapatillas de siempre… ¡¡Dios!! Las amaba, tenían tres años y más agujeros que ningunas… pero eran mías y las mejores. Cosas como esas eran las que hacían que mi hermana me odiara… No podía entender como su hermana menor podía dejarla en ridículo usando esas anticuadas converse azules. Una Cazadora… sí, por que aquí nunca sabes cuando se tapará el sol con las nubes y es mejor estar preparada. Pesqué mi billetero, lo metí adentro de mi bolso, gafas de sol (Tenía que aprovechar, era una de las pocas veces en el año en que podía lucir mis Rayban clásicas…el único problema es que se habían hecho populares el último tiempo gracias a que un actor de películas juveniles las usaba bastante) y me puse los audífonos de mi Ipod en los oídos.
- Vuelvo luego, voy con Caroline al centro. Si llama mamá tu no sabes de mi – Y cerré de un portazo la puerta principal de la casa, avanzando rápido y conteniendo las ganas de reí. Había dejado Fuera a Ariane.
- ¡Hey! ¡Emilie! ¿Dónde crees que vas? ¡Yo estoy a cargo! ¡Vuelve ahora! - Ariane se paró en seguida de la silla en la que descansaba y se puso a vociferar por el patio como una loca. Yo sonreí, me giré y le grite:
- ¡Ariane! ¡Detente! ¿Qué pensarán los vecinos de ti? ¡Ja! – dije irónicamente, me metí en mi automóvil y me fui, dejando a la loca de mi hermana gritando en el jardín.
A mis padres no les gustaba que saliera cuando ellos no estaban, por lo que cuando salían en verano, me dejaban a cargo de la Barbie, pero ya tenía 18 así que al diablo los permisos.
Conecté el Ipod al equipo de sonido del automóvil y le subí el volumen al máximo, escuchando una canción de All Time Low. No demoré ni si quiera 10 minutos en llegar a la casa de Caroline, que me esperaba afuera.
- ¡Hola! – Nos saludamos - ¿Cómo vas? – le sonreí.
Caroline, como ya les he comentado, era como mi hermana, pero la gran diferencia era que ella era un poco más tímida que yo, le costaba un poco socializar y siempre había tenido el presentimiento que en secreto, le habría gustado ser parte del grupo popular… Nunca habíamos hablado de ello, pero la conocía tan bien que lo sabía, aún que ella nunca lo hubiera dicho.
¡Que va! ¿Quién hablaba de timidez? ¿La que no se había atrevido nunca a hablarle a Lucas Johnson cuando había tenido mil veces la oportunidad? (Vale, exagero, pero era más o menos así) Lucas era el chico más lindo del mundo según yo, y había estado enamorada de él desde que lo recordaba. Era de cabello castaño, muy parecido al mío… de ojos verdes y sonrisa cálida, atractiva… Siempre que me hablaba en el instituto, yo terminaba babeando como estúpida y él se iba… No había remedio.
- Mmm… Creo que bien… Mamá pregunto si te quedarías a cenar esta noche en casa y le he dicho que si, ¿Te incomoda? – ¡La casa de Caroline era mi segundo hogar! Y su madre era tan adorable que yo la quería mucho.
- ¡Que bien! No tenía ganas de comer sentada frente al computador y sola… Ni muerta cenaría con la Barbie.- “La Barbie”, como se habrán dado cuenta, así llamábamos en secreto a Ariane.
Caroline sonrió, complacida ante la idea que cenara con ellas.
- ¿Y? ¿Qué haremos hoy? – pregunté mientras doblaba hacia el estacionamiento del centro comercia y buscaba un aparcamiento vacío. Nunca se me había dado bien eso de estacionar el automóvil, así que preferiblemente buscaba un lugar sin automóviles muy cerca.
- ¿Qué tal ver una película? Creo que hace poco se estrenó Luna Nueva, la segunda de la saga Twilight… ¿Recuerdas que te comenté haber leído los libros?
-Caroline – puse los ojos en blanco.- También los leí.
- Dicen que Robert Pattinson está aquí en Marysville filmando una nueva película… pero… - Entonces enrojeció. Ella amaba a ese chico como a ningún otro chico de verdad. Muchas peleas nos habían costado su amor hacia ese actor, por que no me cabía en la cabeza como podía estar tan enganchada de un tipo al que no se conoce… Pero habían terminado el día que me di cuenta que estaba bien, que tenía derecho a gustarle lo que quisiera y que si yo era su amiga la iba a apoyar. Que amara a ese actor, no significaba que Caroline no tuviera un novio real, Jacob era su complemento ideal, el chico perfecto para ella y realmente hacían una pareja hermosa. Él la cuidaba, la quería, la mimaba… Era tanto el amor que emitían cuando estaban juntos, que daba un poco de cosa estar cerca de ellos. En realidad yo me ponía incómoda al no haber sentido nunca eso… Había tenido Novios, pero nadie que me hiciese sentir así de… amada. En cierta parte sentía envidia.
- ¿Sí? Mmm… ¿Entonces cómo es que no lo has buscado por toda la ciudad? – Pregunté con los ojos entrecerrados - ¿O será que lo has hecho y te dio vergüenza decírmelo? – Le encaré divertida.
- ¡¡No te rías!! No es gracioso… Lo he hecho y no le he encontrado… ¿Está bien? – y miró a través de cristal hacia el cielo, que a esas alturas se estaba nublando.
- Tranquila… ¿Cómo sabes que te lo encuentras hoy?... Pobre Jacob… ¡ja! Me imagino que te le tirarías encima y lo secuestrarías… ¡Y yo sería tu cómplice! ¡Jajaja! – volví a reír, pero esta ves Caroline reía conmigo.
Nos bajamos alegremente del automóvil y caminamos hacia las escaleras que llevaban al primer piso del centro comercial.
De repente, de la nada apareció un chico que vestía un jeans gastado, zapatillas como las mías, una camisa azulina y un jersey oscuro… Era un chico de cabello oscuro y ojos verdes….
- ¡Mierda! – susurré nerviosa para mi misma, entonces en ese instante se me cayeron las llaves del automóvil y me sonrojé como un tomate.
- ¡Hola chicas! – Saludo con la mano Lucas Johnson, mientras con la otra me extendía mis llaves que había recogido antes que tocaran el suelo.
- G- gracias…- Balbuceé, mientras él me dedicaba una gran sonrisa… ¡Wow! ¡Había dicho algo! Eso era un gran paso… Al ver que a mi no me salía palabra y que Caroline no sabía que decir, hizo lo que siempre hacía, huir. No se quien se asustaba más, o él o yo.
- Emmm, las veo arriba… Caroline… Emilie… - y dándose la vuelta con las manos metidas en sus bolsillos delanteros, se fue sonriendo muy pagado de si mismo.
- ¡OH Por Dios! ¡¿Qué ha sido eso?! – Caroline me miró con cara de diversión, mientras yo todavía no recuperaba el aliento y seguía con la mano extendida sujetando las llaves que Lucas había dejado en mis manos. Desperté del trance, y me puse aún mas colorada.
- Soy una completa Fracasada… - y me di la vuelta para subir por las escaleras, todavía con el alma en un hilo. Mi amiga a mi lado, todavía se reía cuando llegamos arriba. Cuando la luz me dio en la cara, decidí que era demasiado, e hice como que nada hubiera pasado.
- Vale, siempre digna.- me susurré a mi misma.- Vamos, necesito ese capuchino.- y caminamos parloteando alegremente hasta Starbucks.
Llegamos y nos sentamos en nuestra mesita de siempre. En el aire se podía sentir la excitación de lo que me había comentado Caroline, la visita de ese actor. Todos hablaban de él, todos estaban distraídos y eso me disgusto un poco.
– Tremenda cosas… Ni aún que fueran los hermanos Gallagher - susurré cuando todos se giraron para mirar a un chico que “Parecía ser” ese tipo. Incluso Caroline no me dio mucha atención cuando le conté sobre el departamento que Papá había comprado para nosotros dos en Los Ángeles.
- ¿Caroline? ¿Me puedes decir lo que acabo de contarte? – ella dio un respingo en la silla y me miró.
- ¿Ah? ¡Lo siento Emilie! Es que tu sabes… aquí nunca pasa nada… y Robert… y su cabello y… ¡Dios! Lo siento – agachó la cabeza avergonzada…
- ¡Pff! OK, ¿Me das un segundo? Necesito ir a ver por donde esta Lucas… y no quiero que te pierdas ver a tu chico, tal ves viene a tomar un café por aquí… - Irónica.
- ¡Emilie! No te pongas así… si quieres te acompaño.- Parecía ser franca, pero al apretar los labios hizo que supiera el tremendo sacrificio que le costaba….
Le guiñé un ojo y le dije: - Está bien… ¿Cuántas veces tu actor favorito dará una vuelta por el centro comercial de tu ciudad? – Sonreí.- Vuelvo enseguida….
- Gracias… - dijo aliviada ella.
Salí de la cafetería y subí dos pisos hasta el baño de mujeres más cercano, que estaba en una puertecita a la derecha de la escalera principal. Entré y me di cuenta que había más chicas de lo que había siempre. Me dio un poco de risa, todas peleándose los espejos, compitiendo por quien usaba más maquillaje o cual vestía la prenda más “Sexy”. Realmente asqueroso. Y entonces entré yo, un poco destartalada, con mis jeans, mi Cazadora de mangas demasiado largas para mi y mi cabello un poco desordenado, como si no lo hubiera cepillado. – ¡OPS! – Me dije a mi misma cuando me miré en un pedacito de espejo que quedaba libre…- ¿Con esta pinta me vio Lucas? – pensé y luego me deprimí. Saqué de mi bolsa un sujetador de pelo y traté como pude se amarrar en algo decente mi cabello. No había caso. Suspiré y me rendí… Parece que no era mi día...primero, tenía que estar bajo la custodia de la odiosa de mi hermana mayor, segundo, mi mejor amiga no me prestaba mucha atención por culpa de un actor que sabe Dios de donde salió, sin importarle que en dos semanas más, no nos veríamos para nunca y tercero, había dejado pasar cuatro años sin acercarme a Lucas Johnson por vergüenza y se me había ido el tiempo. ¡Rayos! Y nunca pude decirle que le quería de verdad… eso me deprimió más y entonces me comenzó a escocer la nariz. Me metí en una de las casetitas del baño y me puse a llorar silenciosamente, por que odiaba que la gente me viera. Tantos cambios, tantas cosas que daban miedo, tanta gente que quedaría atrás…
Mientras yo pensaba en lo desgraciado de mi día, una chica a quien no conocía se puso a gritar como histérica algo que no mucho entendí, solo que ese chico del cine al parecer estaba en el piso de arriba. Entonces una masa de chicas histéricas salió chillando del baño, dejándome sola con mi soledad. Mejor.-
Llamé a Caroline y le avisé que el chico estaba arriba y que yo la esperaba abajo. No tenía ganas de ser empujada y apretujada por esas niñitas tontas gritando. Ella se excito ante la idea de ver al chico a tal punto que al final no le entendí nada lo que me decía. Cerré el móvil y Salí de la caceta… enfrentándome de cara a mi reflejo.
- Algo tengo que hacer… Juro que comenzaré a vestirme más femenina… - Abrí un grifo y me lavé la cara, había que borrar las evidencias físicas de mi llanto. Me sequé y Salí al la escala, justo en el momento en que una ola de chicas subía eufórica por ellas… Me sentí mareada y me empujaban un poco, así que como pude me sujeté de la baranda. De pronto, algo extraño me golpeó, haciéndome entrar bruscamente de nuevo en el pequeño baño.
- ¡¡AH!! - Grité asustada al darme cuenta que era un hombre. Me dio tanto pavor, que me puse a gritar, dudando, en todo caso, que con el escándalo del actor famoso me fueran a escuchar. - ¡¡Auxilio!! ¡¡Socorro!! – Gritaba a todo pulmón mientras el hombre de repente me tomo por la espalda y me tapó la boca con una mano.
- ¡¡Por favor!!¡¡ Por favor!! ¡¡Por favor no grites!! ¡¡Por favor no llames a nadie!! Te lo suplico, juro que te soltaré si me prometes no llamar a nadie.- Me susurró angustiado en el oído derecho. Se me erizó el bello de la parte de atrás de la cabeza. No se si fue miedo o qué, pero esos sucedió. Asentí rápidamente con la cabeza y entonces dijo:
-OK…- Y de a poco me fue soltando, mientras yo corría apresuradamente hacia una esquina del baño, agarrando firmemente mi bolso por si es que necesitaba usarlo como arma.
- Tranquila… - se acercó a mí y por primera vez le vi de verdad.
Era un joven de unos 22 años a lo más, vestía jeans, una camiseta de algodón y encima un polerón con capucha que le tapaba el rostro, del cual solo sobresalían un par de lentes de sol que de inmediato reconocí. Eran iguales a los míos.
El chico se levantó la capucha, dejando al descubierto su tez blanca y su cabello color cobrizo y desordenando. Tenía cara de espanto y estaba muy blanco, a pesar de ya ser ya de ese color.
- Tranquila…- repitió, retrocediendo y sentándose en la puerta de la sala de baño. Impidiéndome el paso. Me miraba acomplejado, como tratando de esconder su cara.
– no te haré daño… solo te pido que no me delates… solo quiero esconderme y salir cuando pase todo… ¿Crees que puedas?
- ¡Mierda! ¡Cómo se te ocurre hacer eso! – Grité poniéndome la mano en el corazón, esperando que se me saliera por la boca del susto - ¡Desconsiderado! ¡Estúpido! ¡No te conozco! ¿Cómo sé si eres un psicópata? ¡DEJAME SALIR AHORA! Si no quieres que llame a la Policía…. De seguro eres ese tipo de chicos que roba en las tiendas y corre a esconderse, ¡NO! NO Seré cómplice de hurto, eso no se hace… y de seguro te aprovechas de el escándalo que se armó por ese actor de no se qué… ¡Yo dije! Yo dije que… - le amenacé pero él chico no se movió, solo sonrió ante mi monólogo de chica histérica.
- Ojalá fuera eso, ojalá fuera el ladrón y no el chico al que buscan… - Me dio la cara. No le reconocí de inmediato, pero sabía que me parecía familiar.
-Mmmm… No te entiendo.- Dije rudamente.- Así que por favor te apartas de la puerta si no quieres que de verdad esto se ponga malo.
- OK…- Dijo abatido.- Perdón por el susto, pero… pero…- se quedó callado apartándose de la puerta. – Te lo imploro… no le digas a nadie que estoy aquí. Ellas me matarían.- Puso cara de complicación.
- ¡Por favor! ¡No tengas cuidado de ello! No quisiera ponerme en ridículo contándole al mundo que un chico extraño me apartó hacia un baño solitario… eso sería asqueroso JM! – me dio escalofríos lo que dije, así que nerviosa giré el pomo de la puerta y me dispuse a salir, no sin antes dedicarle una mirada más al chico asustado que estaba apoyando ahora en la pared. Tenía los ojos cerrados, los labios blancos y los puños cerrados. Al analizarlo bien, debía reconocer que en realidad no parecía un vagabundo, sus ropas eran de marca y por ejemplo bien sabía yo el precio de sus gafas.
Suspiré y haciendo de tripas corazón me acerqué a él, rogando por que no fuera un psicópata.
- Hey…- vacilé- Disculpa, he sido una idiota, pero es que solo la situación es extraña…- y un impulso loco hizo que me quisiera sentar a su lado. Él me miró y sonrió francamente al ver que me agachaba. Rebusqué en mi bolso y le ofrecí un trocito de chocolate y se lo ofrecí.
- Gracias… de verdad que necesitaba algo dulce.- entonces comenzó a masticar. Cuando trago, se aclaro la garganta y dijo con un acento raro:
- Por favor, tú deberías disculparme a mí, he sido tan descortés… Siento el impase… Ahora me presentaré formalmente…- entonces lo dudó un poco y luego dijo con voz alta y clara.
- Soy Rob, Robert Pattinson.- y levantó la cabeza a la luz. Sonrió.
-¡Valla! Tu nombre me suena… de alguna parte…- dudé.- ¡Oye! ¿No eres tú el chico que esta causando los estragos ahí afuera? ¡Pff! Con razón te escondes, a mi me daría pavor salir con todas esas tontitas gritando… - Me reí de él en su cara.
- No deberías reírte… no te sería divertido si realmente estuvieras en mi situación…- y entonces rió conmigo.- Pero bueno… no me has dicho tu nombre... – presionó.
- ¡Ah! Claro… eh… Emilie Montgomery, un gusto… - dije estirando mi mano hacia él, quien la cogió y luego me estampó un beso en los nudillos. Era un chico extraño.
- Un placer Emilie…- dijo sonriendo y sacándose los lentes de sol.
- Y bueno… ¿Cuándo piensas salir de aquí? Lo más probable es que ahora todos estén arriba buscándote, así que podría ser buen momento ¿no? – me encogí de hombros mientras decía eso.
- Tal vez tengas razón…- puso cara de pensárselo un momento. Y entonces se paró y me ofreció su mano para que yo también me levantara.
- Emilie… Muchas gracias por no salir corriendo… ahora… Lo único que te pido es un poco de discreción… Tu sabes… - se paso la mano por el cabello.
- ¡OH! Claro, ningún problema… tampoco tengo ganas de que me acosen de preguntas a mí. – sonreí amablemente. Me daba pena el chico, se veía realmente acabado con esto del acoso. Me compadecí de él así que decidí que por traicionera que me sintiese, Caroline tampoco sabría de esto… En realidad me hubiera matado, pero no era eso… era que el chico me producía un sentimiento raro, entre pena, comprensión, compasión y confianza.
- Emmm… entonces Adiós…- dijo acercándose a mí y estrechándome en un fuerte abrazo. No estaba muy acostumbrada al contacto físico con otro ser humano. Desde siempre había sido un poco esquiva con la gente cariñosa, así que me estremecí y luego me sonroje. – Muchas gracias, de verdad que no sabes el alivio que siento que no gritaras ni fueras una de esas chicas locas… - Suspiró.
- Vale…- dije retrocediendo un paso.- No es nada, Cuídate y éxito en tus películas. – Sonreí tontamente. Si, soy una idiota.
- Gracias otra ves…- y se alejo hacia la puerta, tomó el pomo y lo giró.
Entonces, pasó algo extraño, lo giró una ves, dos veces, tres veces a un lado y luego las mismas veces hacia el otro y no paso nada.
- ¡OH! – fue lo único que escuché, entonces corrí a su lado a tratar de abrir yo la maldita puerta, que no se quería mover.
- ¡No! ¡Puerta estúpida! ¡Ábrete! ¡¡AHHHH!! – entonces me tiré de rodillas a pegarle con los puños a la puerta. Nos habíamos quedado encerrados y yo era claustrofóbica. Lo que me faltaba para cerrar un día de mierda.
- ¡Diablos! ¡Ariane me va a matar! Y… ¡Caroline! ¡Ella es mi salvación! Gracias Dios Mío – y me tiré en el piso del baño a buscar mi móvil en el bolso. Lo encontré y marqué, para darme cuenta con horror que no tenía saldo disponible. Estaba perdida, podían pasar horas hasta que alguien nos encontrara. - ¡No!
- Emilie… Tranquila…- Robert se acercó a mí y me abrazó tratando de contenerme, a la tonta histérica que ya había comenzado a llorar y a tiritar completamente. – Respira… uno, dos, tres…
- ¡Ah! – Tomé aire y de a poco me fui calmando, mientras él amablemente me decía cosas para que me distrajera. Yo Sollozaba descontrolada.
- Tranquila… ahora mismo llamaré a alguien de mi equipo para que avisen y vengan a sacarnos, no tienes por que temer… tranquila nena, todo va a estar bien…- era dulce como me contenía. – Tú me salvaste hace un rato y yo lo hago ahora… así que estaremos a mano.- sonrió dándome fuerza.
Tomó su móvil y hablo rápidamente, aviso que estábamos atrapados en el baño del piso tres y que por favor se apurara por que había una chica que no se encontraba bien. Cuando dejó de hablar, a mi se me había pasado el ataque y estaba volviéndome morada, de la vergüenza… Traté como pude de alejarme un poco de él y tomar aire, pero él me lo impidió.
- ¿Estás mejor? – Preguntó compungido. Yo le respondí con un movimiento de cabeza, apenas me salía la voz y todo a causa del bochorno.
- Que bien, me alegro por que valla susto me has dado con tu ataque… - sonrió.
- Ams… Gracias… - al final suspiré.- ¡Lo siento! Es que soy claustrofóbica por trauma.
- ¿Por trauma de la niñez dices?
- ¿Cómo te comportarías tu si a los siete años te hubiesen dejado olvidado en un baúl en una casa de playa? No soporto el encierro…- sollocé y él se rió.
- Shhh… pero ya nos sacarán… sólo tenemos que esperar…- dijo muy cerca de mi oído acariciándome el cabello distraídamente, todavía no me soltaba pero ya no me sentía incómoda con él. NO es que me gustara ni que yo fuera una chica fácil, pero a veces las situaciones hacen que no se ponga un poco boba.
- Dios… espero sea luego. . . - Dije distraída, a lo que él contestó con un
–Hum…
Entonces comenzaron a pasar los minutos y comenzamos a entrar en confianza. Nos pusimos a conversar mientras nos rescataban.
- ¿Qué edad tienes Emilie? – preguntó intrigado.-
- Dieciocho y medio, aún que aparente solo quince.
- Mmm… No lo creo, eres muy inteligente para las chicas que dieciocho que conozco…- dijo con franqueza.
- Claro, por que tú solo conoces a las chicas huecas que te persiguen…- y cuando dije eso, me enrojecí, tal vez lo había ofendido.
- ¡OH! – se carcajeó – Mmm… creo tienes razón.- y de nuevo risas.
¡Increíble! Este chico reía mucho más que todos los chicos que yo concia juntos, además tenía tantas historias entretenidas, tantas anécdotas en sus películas, etc…
Me gustaba eso que se riera tanto, tenía bonita sonrisa.
Pasaron sin mentir tres horas en que hablamos de todo, desde cómo era mi secundaria, mi familia, mis amigos, mis gustos hasta las más extrañas cosas sobre él. Era un chico cool.
-¡Oh¡ ¿A cuentas chicas les has pedido matrimonio? ¡Jaja es que no te creo! – me dio ataque de risa cuando me contó sobre las tantas chicas a las que les ofrecía su amor de por vida y le decían que no. Reíamos.
- Como verás, no tengo tanto éxito como creen… - dijo haciendo una mueca humilde.
- ¿Y la chica de tu película también? Oh Dios, estas loco.- jajajaja
- Mmmm, creo que si, en realidad no lo recuerdo… debo haberlo hecho, no sé…. Pido mucho matrimonio… Recibí un mensaje el otro día en mi teléfono que decía: “¿Sigue en pie la oferta de boda?” ¡No lo sé! No recuerdo a la chica…- Con él todo era una fiesta.
- ¡NO! ¡Que poco caballero eso!
- Ajaja, lo sé… Lo siento, ¡mi memoria es un asco!
- ¡Moriré si siguen haciéndome reír de esa manera!
- Tengo cosas peores que contar…- siguió.
- ah… - suspiré cuando me controlé. Busque en mi bolso y saqué mi cigarrera. - ¿Fumas?
- Gracias al cielo, moría por uno de ellos.- me quito uno y lo prendió, luego me lo dio y prendió uno para él.
- Acabo de llegar a la conclusión que tú estas completamente loco, pero es agradable.
- ¿Sí? Y yo que tu eres interesante…- entonces su afirmación quedo suspendida en el aire. Él tenía veintidós, era famoso, actor y guapo. Yo tenía dieciocho, nos conocíamos hacia una hora y era todo extraño. Miré hacia abajo y sonreí, no dije nada.
- ¡Wow! ¿Ves? Te dije que hablaba demasiado…- sonriendo haciendo un gesto de decepción con la mano.
- Si, así que mejor calla si no quieres que termine saltando por la ventana.- bromeé y tomé una bocanada de humo de mi cigarro. Me relajé completamente.
De pronto, comenzó a sonar una alarma y a prenderse una lucecita roja en el techo.-
- ¡Mierda! – dijimos al unísono, entonces se activaron los rociadores de agua contra incendio, El humo de los cigarros los había activado.
Nos miramos, empapados como estábamos a esas alturas, y un ataque de risa nos dio a los dos. Me saqué la Cazadora que tenía las mangas demasiado largas para mí y la dejé a un lado. Él se saco su cazadora e hizo lo mismo… Nos miramos y nos pusimos a saltar en círculos bailando bajo el agua. Nada más estúpido que eso. Muy propio de mí por otra parte.
Éramos dos extraños que por ABC motivo, nos habíamos encontrado ese día, y que no se volverían a ver nunca más. Hacer el ridículo una vez en la vida no estaba mal, consientes de un pacto de silencio por parte de los dos. Nadie nunca hablaría de esto.
De pronto, cuando estábamos en lo mejor saltando y riendo, se abrió la puerta y entró el personal de seguridad del centro comercial, seguidos por dos monigotes de más de dos metro que me pusieron mala cara cuando me vieron tomando a Robert por la camiseta de algodón. OK, reconozco que se veía un poco raro pero era un juego. Ellos vinieron y me separaron de él con un fuerte tirón.
-¡Hay! – grité de dolor, uno de los guarda espaldas me lastimó la muñeca y me tiró lejos. Se me llenaron los ojos de lágrimas, pero más que de dolor, que de por sí era grande, fue por la humillación. ¿Quién quería hacerle algo a ese chico? ¿A quien le importaba?
-¡Detente! – Le gritó Robert enojado al tipo que me había empujado.- ¡Ten más cuidado! ¡Ella es una chica! ¡La chica que me salvó de las otras niñitas! Por favor pídele disculpas, ahora. – Robert se acercó a mí y me ayudo a levantarme.
-¿Estás bien nena? Por favor discúlpalo, están acostumbrado a esas chicas de las que hablábamos antes…- me dijo apenado.- ¿Te duele? – tomando mi muñeca y moviéndola con cuidado.
- N- No, no hay problema… déjame… tal vez… tal vez Caroline está asustada… no me encuentra…- me retiré unos pasos, tomé mi bolso – Cuídate.- Fue lo último que le dije y Salí corriendo del lugar, sin dirigirle una mirada, esa mirada que me hubiera gustado.
-¡Emilie Espera! – gritó él, pero yo ya había bajado un piso. Empapada como estaba, todo el mundo me miraba al pasar. Bajé hasta llegar al estacionamiento y busque mi automóvil y me metí adentro sin siquiera detenerme a respirar aire fresco. Comprobé mi celular y tenía veintiséis llamadas perdidas de Caroline.
- Dios… son las nueve y media… Ariane me matará.- sollocé, entonces metí mi mano al bolsillo de mi pantalón para sacar un pañuelo.
Manejé hasta llegar a la casa de Caroline, tenía que contarle que me había quedado encerrada en un baño y que nadie se había dado cuenta hasta que había pasado la batahola del niño de la saga Twilight. Toqué el timbre y ella me abrió.
-¡Emilie! ¿Qué te ha pasado? ¡Te busqué por horas en el centro comercial! – Caroline me hizo pasar y corrió a buscar una toalla seca para mí.
- ¿No se te ocurrió buscar en el baño del tercer piso? Me he quedado atrapada, pero claro, nadie lo notó por culpa de ese chico al que todos querían ver.- Dije un poco molesta, y aun que en realidad era una indirecta para ella, pareció no escucharla.
- ¡UPS! Pero me debiste haber llamado…- dijo sentándose a mi lado en el sofá.
- Hola Emilie… ¿Qué te ha pasado? Caroline me ha dicho que te habías esfumado del centro comercial- La madre de Caroline bajaba por la escalera hablándome - ¿Por qué estas tan mojada? - ¡Diablos! No podía decirle a ella que había fumado un cigarro, era amiga de mis padres así que debía mentir.
- Una de las chicas que se quedó conmigo en el baño encendió un cigarrillo y entonces se activo la alarma contra incendios y se prendieron los dispersores de agua sobre nosotros. – Hasta ese momento, no me había dado cuenta que tenía la piel de gallina, tenia mucho frío. Se me había quedado el Cazadora en el baño.
- Uh… Estas chicas modernas… en mis tiempos ten por seguro que tus padres te mataban si te encontraban con un cigarrillo en la boca, Simplemente la juventud de hoy no tiene respeto…- siguió su paso hacia la cocina, mieras Caroline y yo nos dirigíamos una mirada de complicidad. Sonreímos.
- Lo siento… es que con el alboroto, me olvidé de que habías bajado… Y ni siquiera valió la pena – suspiro ella.- ¡Ni si quiera lo vimos! Creo que fue solo una broma, y de muy mal gusto. Hubieras visto como todas corrían, era una locura. – Parecía apenada.
- Te creo, créeme que te creo… Bueno, tal ves en otra oportunidad… Total, se quedará aquí en Marysville hasta comienzo del año escolar… ¿Cómo sabes lo ves por ahí? - dije distraída tomando un sorbo de te que me había llevado la madre de Caroline.
- ¡Espera! ¡Se supone que la otra semana se van! ¿Cómo sabes lo otro? - ¡Diablos otra ves! Se me había salidos eso. Robert me había pedido que lo le dijese a nadie por que eso garantizaba su libertad durante esas semanas.
- ¡OH! Lo leí esta mañana en el periódico. – Mentira.
- ¿Si? No me fijé que venia información sobre él.- Puso cara de hacer memoria y se encogió de hombros. Como yo presentí que estaba hablando de más, me dispuse a regresar a casa. En eso, de repente mi teléfono móvil comenzó a sonar. Era un número extraño.
- ¿Aló?
- ¿Emilie? – Uf! Reconocí la voz de inmediato. – ¿Eres tú?
-¡Wow! Si eres quien creo que eres ¿Cómo diablos tienes mi número? – Pregunté intrigada, no recordaba haberle dado mi número a ningún actor. Caroline se interesó en mi conversación y por señales me pregunto quien era.
- Emm… se te quedó el Cazadora en el baño y entonces me pregunté si es que a lo mejor… y entonces… lo siento no quería.- Comenzó a balbucear.- Encontré tu billetero y quise devolvértelo.
- No me día cuenta… ¿Me das un segundo? – Miré a Caroline y le susurré.- Un problema familiar, Te quiero, gracias por preocuparte de mi.- Le di un beso en la frente y Salí corriendo.- ¡Nos vemos mañana! – dije mientras ella corría a mi paso.
- Ahora si… - respondí en el mismo momento en que me subía al automóvil y me dirigía a mi casa.
- Bueno… Si quieres puedo enviarlo a tu casa esta noche, no habría ningún problema…
-Emm… no, mejor no, mi hermana me acribillaría a preguntas que no quiero responder. Mira, mañana tengo algunos tramites que hacer en el centro, si quieres lo dejas en la recepción de tu hotel y paso a buscarlo, no te hagas problemas… No le diré a nadie donde es ni nada.- Dije doblando en la esquina de mi casa con toda naturalidad.
- Entonces quedamos en eso... y… Por favor disculpa otra vez… Ellos no debieron haberte tratado de ese modo, no fue correcto… me siento en deuda contigo, no sé como pagar todo lo que has hoy hecho por mi.- se notaba de verdad apenado.
- Deja el drama, tranquilo… no pasa nada, solo mañana paso a buscar mi cazadora y todo listo. – Dije con voz alegre, me producía risa que se sintiese así. Me bajé del automóvil y busque la llave en mi bolso.
- Vale… entonces… Que tengas buena noche… - se despidió.
- Buena suerte chico, ojalá sobrevivas a las multitudes. Que tengas buena noche también. – Dije amablemente.
- Realmente insisto, eres genial. Entonces Adiós Emilie… - su voz era durativa.
- Adiós Robert… - le colgué.
Fue extraño, incómodo. Realmente había tenido un día muy divertido gracias a ese chico y me dio un poco de pena saber que no le vería nunca mas. Era muy agradable y ahora entendía por que muchas chicas lo adoraban. No era que me hubiese enamorado ni mucho menos, pero era… Interesante. Lástima que era un chico súper estrella, presentía que hubiésemos sido buenos amigos.
- Ariane, llegue. Me voy a mi cuarto, no tengo hambre.
-¡Mira la hora estúpida! Mamá me matara su sabe que has estado fuera todo el día… Por cierto, hace un rato te llamo un tipo, un chico llamado Lucas Johnson pero le dije que no estabas y que no tenía sabía si es que llegarías a casa hoy, que habías salido para encontrarte con un chico en el centro comercial… Creo que quería invitarte a un concierto de ¿Van algo? – Lo dijo con toda la malicia posible que tuvo y comenzó a reír en mi cara. Ella sabia que yo le quería ver a él en el centro comercial, además ¡Dios! ¡El concierto de Van Morrison! ¿Cómo lo había olvidado? Ese era el propósito principal de mi salida de hoy. Se suponía que Caroline me acompañaría a comprar las entradas al bar donde tocaría. Era una oportunidad única y lo más probable era que por haberme quedado encerrada en el baño con un chico al que no conocía, me iba a perder el concierto de mi vida. Escuchaba a John Van Morrison desde que tenía memoria, era, según yo, el mejor cantante de Blue de todos los tiempos. Lucas era de los pocos chicos de nuestra generación que le conocían y escuchaban. ¡Me quería invitar! ¡Era una cita! Y seguramente en este momento ya tendría alguien con quien ir. Me deprimí.
Caminé lentamente hacia su habitación y me paré en la puerta de brazos cruzados, con la sangre hirviendo bajo la piel.
Ella estaba tirada en su cama, arreglándose las uñas, seguramente para salir de parranda en la noche.
- ¡¿Me puedes decir por qué le has dicho eso?! ¡Ariane! ¡Tu sabías que o quería verle a él! - de a poco se fue descontrolando mi voz.
- Mmm… No lo sé. Tal vez por que se me dio la gana.- se encogió de hombros como si no fuera nada importante.
- Eres una… - ¡ah! ¡Te odio! - Y Salí corriendo y di un portazo al llegar a mi habitación. No entendía como podía tener una hermana tan diabólica como ella. ¿No se daba cuenta el daño que me había hecho? ¿No se daba cuenta que eso no se lo perdonaría nunca? Ahora si que estaba cada vez más convencida de que quería irme lejos de Marysville lo antes posible. No soportaba la gente, la maldad, el chismoteo, no soportaba a mis padres y a nadie. Quería irme lo antes posible y me alegraba enormemente saber que me quedaban solo dos semanas ahí.
Ni si quiera quise prender mi computador. Me puse pijama y me quedé dormida llorando.
* * *
Abrí los ojos molesta, un rayo de sol se colaba por mi ventana. Me levanté y me fui directo al baño. Después de lavarme, arreglarme y vestirme miré el reloj. Eran las once de la mañana, así que con respecto a horarios estaba bien.
Pasé despacio por la cocina sin hacer ruido y Salí, Lo primero que tenia que hacer era correr al banco a arreglar lo del dinero de la matricula.
Así se me fue toda la mañana, de un lado al otro en pos de mi viaje a Los ángeles.
A las dos de la tarde terminé todo y me acordé de pasar a buscar mi cazadora con mi billetero al hotel en que se hospedaba Robert, por suerte, ni llevaba los documentos, por que si hubiese sido así, mis trámites se habrían retrasado y eso era lo que menos quería.
Reconocí de inmediato que no me equivocaba de lugar por que a la entrada había un grupo de unas 30 chicas que sujetaban carteles y gritaban cada un cierto tiempo su nombre. Suspiré, me hice un lado entre ellas y entré como si nada. Abrí la puerta del hotel y me fui directo a la recepción.
- Buenas tardes. – sonreí.
- Buenas tardes Señorita. – me atendió una señora de uniforme, con aire muy formal.
- Tengo entendido que el señor Pattinson, de la habitación 234 ha dejado algo aquí a nombre de Emilie Montgomery ¿Es Así?
- Déme un momento por favor.- y se agachó a revisar. – ¿es usted?
-Ajam. – afirmé
- El señor Pattinson lamenta no haber podido entregarle él su cazadora, pero también me pidió que le diera este sobre, y que por favor me dijera a mí la respuesta.
- ¿Sobre? ¿Respuesta? – pregunté sorprendida
- Acompáñeme por favor.- tomó el paquete y comenzó a caminar hacia un pequeño saloncito donde había un sillón.
- Aquí es, tómese su tiempo.- me entregó las cosas y se fue.
Me senté y abrí el sobre. Ni si quiera miré la cazadora.
Y entonces leí que decía algo así:
“Emilie:
Lamento no poder habértela entregado en persona, créeme que me hubiera encantado verte, pero tengo un poco de trabajo esta mañana. Ayer me hablaste que amabas la música de Van Morrison y coincidimos y como supe que estaba esta noche en la ciudad no pude resistirme a la idea de premiarte por tu ayuda, invitándote a que fueras conmigo a verlo… Adjunto a esta nota tu entrada… Si quisieras que fuéramos juntos, nos encontramos esta noche en el lugar que dice, a las nueve de la noche para que podamos conversar… Si te parece bien esta idea, respóndeme un si en el papel. Si es que quieres ir con alguien más o tienes otro compromiso, lo entenderé. La entrada de todas maneras es tuya, por favor disfruta el concierto, tú más que nadie se lo merece.
De nuevo gracias y un beso.
Robert “
Lo leí más de una vez por que creía que me volvía loca. ¿Iba a salir con Robert Pattinson? ¿El amor de la mitad del planeta? El chico al que no conocía me había dado el mejor regalo de mi vida ¿Cómo decirle que no? Pero… Siempre en la vida existen los Pero. Y esta vez tenía nombre y apellido y era el de Lucas Johnson. Él me había llamado para invitarme primero… aun que técnicamente no lo hubiera hecho, tenía un compromiso moral, sin contar el sin fin de maripositas que se arremolinaban en mi estómago cuando pensaba en él… Pero (otro pero más) Robert había sido muy amable al invitarme y no creía que seguir haciéndome ilusiones con Lucas era enfermizo, mal que mal, después de estas dos semanas, no lo vería probablemente nunca más. En dos semanas no iba a lograr hacer lo que no me había atrevido en cuatro años. Decidí que al diablo lo que nunca pudo ser…
Agarré el pedacito de hoja y escribí en la parte de atrás.
“Ok, una salida de amigos no me haría nada de mal. Nos vemos a las nueve”
Lo volví a meter en el sobre y me fui hacia la señora de la recepción.
- Listo… - dije entregándole la misiva – Gracias por su ayuda.
Salí sonriente del hotel, ya que no iba a salir con el chico al que más quería en el planeta… Bien me haría salir a despejarme, a conversar con ese desconocido que había sido tan amable conmigo.
Una noche de Juerga, Una noche de amigos.
* * *
- ¿Aló? ¿Emilie? – La voz de Caroline me sacó del trance, todavía estaba pensando en Lucas.
- Si… ¿Qué pasa? – le pregunté un poco distraída.
- ¿No me estabas escuchando? ¿No te diste cuenta que te estaba diciendo si es que querías ir conmigo a la fiesta de Kathy esta noche? – preguntó enojada.
- No puedo… Me gustaría, pero es que… - piensa Emilie, Piensa.- Mi hermana va a salir esta noche y la casa no puede quedar sola…
- ¿Desde cuando que pasa eso? Otras veces solo sales…
- Desde que estoy castigada por… por pelear con Ariane.- no me gustaba mentir a Caroline, pero tampoco podía decirle que iba a salir con el actor que a ella le gustaba y menos que no le había dicho lo del baño.
- ¿Si? Está bien ¿Quieres que te valla a acompañar? ¡Puedo llevarlas películas de Robert Pattinson que tengo! ¡Sería fantástico! – gritó emocionada.
- Mmm… mejor no, es que esta noche quiero dormir… ya que no iré a ver a Van Morrison. No tengo ánimos de nada. – Mentí.
- Bueno… entonces descansa… ¿No te molesta que valla sin ti a la fiesta? – ella se compungía.
- No, no importa… dale saludos de mi parte.
- OK… Te quiero, cuídate, nos vemos mañana.
- Un beso.
Insisto en que no me gustaba hacerlo, pero era imposible decir la verdad. Me levanté de la silla y volqué el guarda ropa entero encima de mi cama. No sabía que cosa ponerme y presentía que esta ves las zapatillas de lona no eran mi salvación.
Me lo probé todo hasta llegar a lo de siempre. Una blusa simple, una chaqueta negra y jeans de ese mismo color. Algo que me hiciera pasar desapercibida.
Me miré al espejo, me puse aretes de perla y sonreí. Perfecta… en realidad no era que necesitase mucha producción, iba a un concertó, no a un desfile de modas… pero en fin, ego femenino.
- ¿Ariane?
- ¿Qué quieres estúpida? - amaba lo mucho que me quería mi hermanita. Ella estaba chateando con quizás quien en su portátil. Levantó la vista y me vio preparada para salir. - ¿Dónde se supone que vas a estas horas? - eran las ocho y media.
- Al concierto de Van Morrison, te dije ayer que iría.
- Mamá se va a enojar si sabe, así que no podrás ir.- sonrió con malicia y luego siguió escribiendo.
-No, por que ella sabe, me ha dado permiso. – No dije nada más y me fui. Me desagradaba su presencia.
- OK, has lo que quieras, me da igual… - se encogió de hombros.
Salí faltando un cuarto de hora para que fueran las nueve. Manejé hasta Boring&Borg para encontrarme con Robert, no tenía ni la menor idea en que mesa podía estar, pero la gracia de ese lugar era que era pequeñito.
Llegué a la puerta y no había ningún periodista ni fotógrafo así que supuse que ninguno sabía nada sobre la ida de ese chico al lugar. Hice la fila, mostré mi ticket en la entrada y pasé.
Era un lugar pequeñito, por lo que se llenaba muy rápido. Nunca me imaginé que tanta gente en Marysville escuchara la música de Van Morrison. Examiné el lugar en busca de Robert pero no le vi por ninguna parte. Comencé a ponerme nerviosa. Entonces, en un minuto sentí alguien que me tapaba los ojos y entonces me giré riendo. Buena broma me había hecho él y al parecer él me había encontrado a mi primero.
- Jajaja, buena broma, pero yo que tú me dejaría ver si no quieres que pase un bochorno cayéndome en medio del lugar.- dije alegremente, era verdad que era una chica un poco torpe.
-Qué bien… me gustan las chicas a las que hay que cuidar… me hace sentir más caballero, pero reconozco que no lo pensé de ti… Emilie, yo creí que no ibas a llegar nunca…- ¡OPS! ¡No era quien yo creía que era! ¡Esto era mi perdición! Lucas Johnson me sujetaba con una mano la cintura y con la otra me tapaba los ojos.
- ¡Lucas! – me deshice rápidamente de su abrazo y retrocedí un par de pasos. Esto era lo peor que me podía haber pasado nunca… y encima no veía por ninguna maldita parte a Robert… No es que me importara mucho encontrarlo, pero ya había quedado en que nos juntáramos… Y era todo tan difícil. - ¡Que sorpresa encontrarte aquí! – mejor hacerse la tonta, aun que eso doliera.
- ¿Si? No me digas que… ¿Ariane no te dijo nada ayer?... – se veía confundido, apenado, perfecto….
Suspiré, no me gustaba mentir, pero estaba metida en un lió de los grandes… La noche anterior había llorado tanto… había decidido que bastaba, que ya no había remedio, tenía que olvidarme de Lucas… mal que mal, es más que comprobado que las distancias mataban los amores, bastaba mirar a mi padres, que aunque fuera complicado admitirlo, desde que papá vivía en Los Ángeles por su trabajo, ellos ya no eran los mismos. Era demasiado cobarde para arriesgarme, para arriesgarme a sufrir.
- ¡Valla! No me dijo nada… y entonces bueno… yo…- ¡mierda! Me puse nerviosa.
- ¡Emilie! ¡Estaba tan nervioso, creí que no llegarías nunca! – Sonrió. Que cómico, los dos usaban las mismas palabras, claro
que las de Lucas tenían otro sonido a mis oídos.
Entonces Robert, abriéndose camino entre la gente, llego hasta donde Lucas y yo conversábamos. Este último, abrió los ojos como plato cuando lo vio. Seguramente lo había reconocido.
- Lucas… - susurré media distraída- Te presento a… te presento a Robert… Un… Un amigo…- frita.
- Un gusto chico – dijo Robert sonriéndole con aire paternal a Lucas y extendiendo su mano educadamente.
- Qué tal… - dijo Lucas en respuesta. Se notaba serio, como si le hubieran dado una mala noticia.
- Robert, él es Lucas… un Ex… Ex compañero por su puesto – Valla, esto iba de mal en peor. Enrojecí considerablemente, por lo que tuve que inventar un motivo para agacharme.
- OK… - dije al fin.- Robert me invitó ayer a ver el show… es que yo me había quedado sin entrada y él me apañó. Pero no creo que se moleste si te sientas con nosotros ¿no?
Robert sonreía sincero, Lucas le miraba con cara de Odio.
- No, ningún problema, siempre me ha gustado la compañía, me encanta conocer gente nueva, es siempre una grata experiencia… Una ves en Turquía… ¡OH! Lo siento… es que a veces hablo mucho…- se disculpó cuando se dio cuenta que claro, estaba hablando demasiado. A mi me produjo gracia… un poco de broma entre mi desgracia no me hacía mal, además, me daba un motivo para desencadenar mi ataque de risa nerviosa.
- Jahjahahaj, Ahahjajaja, hajajaja, Muy listo Robert – NOOO estaba arruinándolo todo otra vez… Lucas me miró apenado y con voz de macho herido dijo:
- No se preocupen, no quiero interrumpir nada, además… he venido con los chicos…Solo…- dijo mirándome directamente a los ojos, una mirada tan profunda que quise ponerme a llorar. – Solo pasaba a saludar. Adiós Emilie… que tengas buena noche…- me dio un beso rápido en la mejilla y le hizo un gesto con la cara a Robert. Se alejó rápidamente de nosotros.
- ¿Lo he estropeado todo verdad? – me preguntó Robert mirando mi cara funeral… Parecía realmente acomplejado.- ¡Discúlpame! Si me hubieses guiñado un ojo… o hecho un gesto con la cara, tal vez… - lo miré y le dije.
-Solo déjalo, en algún momento tenía que pasar…No es na… No es nada importante-. Malditas ganas de llorar… y eso que solo había sido una simple conversación, y eso que todo había sido simple coqueteo (de cuatro años al fin y al cabo) me imaginaba lo mal que hubiese quedado si hubiera habido algo más. Meneé la cabeza de un lado hacia el otro para despejarme de aquella escena, Robert, que había sido tan bueno conmigo, no tenía por qué ser testigo de mis problemas del corazón. A nadie le interesaban más que a Mí. Necesitaba rápidamente un jugo… o tal vez algo un poco más fuerte.
- Pero si quieres dejamos esto para otro día… ve con…
- ¡No! Te he prometido que saldría hoy contigo, una salida de amigos… a él… Mira Robert – me puse un poco más dura – Me quedan dos semanas en esta desgracia de Pueblo, en dos semanas más me voy a vivir a Los Ángeles y pretendo no volver nunca más. Lucas… él siempre me gustó, pero en mis cuatro años de instituto nunca llegamos más allá de primera base… y ahora él se interesa en mi cuando ya no queda tiempo… No estoy dispuesta a una relación a distancia, así que quiero dejar todo atrás y comenzar de nuevo… una nueva vida… así que yo digo que hoy quiero pasarla bien, escuchar a Van Morrison y tomar un poco con un amigo. ¿Está bien? – Mientras yo hablaba, una sonrisa torcida iba apareciendo en la cara de Robert, sus ojos se abrían como platos.
- ¡Wow! – Dijo sorprendido – ¡Me has dejado Out! Y yo que creía que todas las chicas eran unas sentimentalistas… Me has maravillado.- entonces se rió y me hizo caminar hacia una mesa al frente del escenario, iba totalmente feliz… a la zona VIP.
- Ajaja – me hizo reír con su comentario. - ¿Así que sentimentalistas? – Me estaba animando la noche – Tal vez con las que tú sales sean así, las mujeres del norte somos más centradas. – me reí.
-Por favor… si todas son como tú, quiero quedarme a vivir para siempre aquí…- y entonces agachó un poco la cabeza, enrojeciendo.
Lo miré y levanté una ceja - ¿Es mi idea o eso suena a un cumplido? – pregunté alegre, no quería que mi noche se arruinara con cosas extrañas, había que ponerle humor.
- ¡Wow! Reconozco que me has descubierto…- dijo con fingida preocupación - ¿Los cumplidos de ese tipo no sirven para conquistarte? Valla… que difícil eres, la mayoría se desmaya ante menos que eso… - hizo un movimiento de cejas medio extraño (1313) y entonces los dos comenzamos a reír. Como siempre.
- ¡Ah! ¡Claro! Habló el señor que tiene al mundo de cabeza…
- Mmm… puede que si – jajaja.
- ¡OK Robert! ¡Mira quien viene entrado! – Era entretenido, pero no me gustaba mucho el camino que estaña tomando nuestra conversación, así que decidí que tenía que cambiar de tema.
- Si veo…- susurró mirándome de soslayo, con una mirada maliciosa… tal ves un poco sexy, y se giró para ver como el Señor Van Morrison se tomaba el escenario.
Abrió la noche con una de las mejores canciones, según yo, de su repertorio. Heavy connection comenzó a sonar y entonces todo el mundo se volvió loco, incluyéndonos a Robert y a mi. Era mucho mejor en vivo. Siguió con otras canciones míticas, como Brown eyed girl (Que cuando comenzó a sonar, Robert se dedico a cantarme haciéndome sonreír), Into de mystic, Someone Like you, o Give me a kiss, por supuesto, todas me las sabía. Fue un momento espectacular, hacia mucho tiempo que no lo pasaba tan bien, y Robert resultó ser un excelente compañero de juergas.
En uno de los ínter tantos que hacía entre las canciones, John Van Morrison se paró de su asiento e invitó a alguien a quien él apreciaba mucho, según dijo, a cantar una de sus canciones. Me quedé muda cuando invitó a su amigo Robert Pattinson a interpretar una canción.
Robert me guiñó un ojo y caminó confiado hacia el escenario. Saludó con un abrazo al Señor Van Morrison y se sentó en un taburete al centro de escenario, tomó una guitarra y le sonrió al público. Puedo decirles con certeza, que el suspiro general que se escuchó por parte de las mujeres presentes en el lugar, se debe haber escuchado hasta afuera. Yo solo le sonreí.
De pronto comenzó a tocar las cuerdas y entonces comenzó a sonar I`ll be lover, too… Estúpidamente mi canción favorita. ¡Wow! ¡Tocaba y Cantaba excelente! Tanto así que creo se me abrió ligeramente la boca sin que yo lo quisiera. Al parecer Robert sí se dio cuenta, y divertido me hizo un gesto con la mano, indicándome que la cerrara. Visiblemente, enrojecí.
¡Uf! Realmente perfecto. Entre medio de los versos de la canción, me miraba con cara de perrito. Me sentía un poco incómoda, por que a veces coincidía con frases un poco comprometedoras, pero hacerse la tonta es muy bueno cuando uno no quiere pensar en nada.
Al final de la canción, le dedico una gran sonrisa al público y bajó a reunirse conmigo.
- ¡Wow! ¡Robert! No tenía idea que cantabas… Realmente te sale fantástico. –le felicité dándole un abrazo.
- Te dije que podía hacer muchas cosas – dijo mientras le abrazaba.
Después de eso, la noche se nos pasó rápido, entre copas, risas y anécdotas. Traté de no mirar hacia los lados, traté de no pensar en Lucas.
- Reconozco lo he pasado muy bien contigo esta noche… Y la sorpresa con Van Morrison fue genial... en realidad todo… Muchas gracias, realmente necesitaba una noche como esta, necesitaba diversión.- sonreí cálida. Realmente él se había ganado mi confianza.
- No, Gracias a ti Emilie, ¿Sabes? Desde que salí de Londres y dejé a mis amigos allí que no cantaba, o que no iba a un lugar así, simplemente yo… - se paró en medio del camino (habíamos salido a dar un paseo por las calles, aprovechando que nadie lo reconocía) y se tiró de espaldas en medio de la calle.- ¡WOOOOO! Lo he pasado excelente –Se puso a gritar alegremente.
- ¡Hey! ¿Qué te pasa? ¿Estás loco? –Corrí desesperada a tratar de hacerlo entrar en razón - ¿Quieres que te mate un automóvil? O peor… ¿Qué te reconozcan? – me puse histérica y él parecía no querer moverse.
- ¡Emilie! Ven aquí, siéntate conmigo un momento… - y tiró de mi hasta hacerme caer. – Quiero que mires las estrellas… ¿No están hermosas? – me preguntó al oído con tono seductor… ¡Valla! Vale, reconozco que se me erizó el bello de la nuca con su voz, era realmente linda, tierna…
- Claro jajaja – y entonces me senté a su lado en el piso, habían pasado ya muchas noches desde que había hecho algo estúpido y arriesgado en mi vida.
Nos quedamos ahí, mirando de espaldas hacia el cielo nocturno, que por primera ves en mucho tiempo estaba claro, despejado, y se veían las estrellas. De pronto tomó mi mano despreocupadamente y yo, automáticamente me paré.
-¡Wowowowo! Lo siento, ¿te he incomodado? – Sonó compungido – No fue mi intención…
Yo abrí la boca para decir algo, pero me salió un bufido.
-Disculpa, yo solo… es que a veces me cuesta… y contigo todo parece… - agachó la cabeza tremendamente avergonzado y para mi gracia, nervioso.
-¡Pffff!- resoplé – Está bien…- había visto sinceridad en sus ojos – Tal ves he exagerado un poco… pero entiéndeme por favor… no estoy acostumbrada al contacto con otra gente…- y sonreí, eso hizo que se alivianara un poco el aire a nuestro alrededor.
-Entonces…- dudó- puedo…. ¿Puedo seguir caminando a tu lado?
- Por su puesto, pero... evitemos cosas así ¿OK? Si no quieres que salga corriendo y llame a todas mis amigas para decirles que estas aquí. – le dije con tono de advertencia y tono de broma.
-Prometido, palabra de Boy Scout - dijo en tono pícaro.
-Vale.
- Mmm… así que en dos semanas te mudas de la ciudad ¿Cierto? – preguntó repentinamente interesado en mi ida a Los Ángeles, tal vez tratando de cambiar de tema rápidamente.
- Correcto, dos semanas y adiós estúpido pueblo muerto.
- ¡Hey! No digas eso, es un pueblito genial.
- Jaja, - reí – Cómo se nota que tú no vives aquí…
-Mmm… tal vez – sonrió - ¿Y qué estudiarás? Nunca me lo has dicho.
- Obstetricia – dije orgullosa de la profesión que había elegido para mi futuro.
-¿Obste qué? – Preguntó con cara de disculpa – Wow, lamento decir que no tengo idea que es eso…
- Obstetra, más conocido como Matrona , son las personas que se dedican a…
- ¡Valla! – Dijo enrojeciendo notoriamente – Tengo dos hermanas mujeres, así que créeme por favor que eso lo entiendo bien… ¿En serio tu quieres…? – hizo un gesto como su estuviera abriendo las puertas de algo y puso un poco cara de asco.
- ¡Robert! Si – dije decidida, no me gustaba que la gente hiciera malas interpretaciones respecto a mi futura profesión - Y para que sepas – dije con voz altanera - es una noble profesión… tal ves no muy interesante como estar haciendo todo el tiempo de alguien quien no se es…- dije pensativa, refiriéndome a la suya, Actor – Pero creo que ayudar a un niño a nacer es lo más maravilloso del mundo… La vida, el amor, la familia… tienen mucho valor para mí, así que estar involucrada en esto hace que me sienta realmente útil al mundo. Por que ser madre, es a su vez para mí, una parte fundamental de ser mujer… así que si puedo ayudar a alguna a serlo…- y me encogí de hombros, percatándome que había hablado mucho, sonrojándome. Robert me miró de una manera rara, con un poco de admiración.
- Valla… - dijo pensativo.- hace tiempo que no escuchaba a nadie hablar tan apasionadamente sobre lo que le gusta hacer…- me seguía mirando así – Te felicito, estoy seguro que vas a ser la mejor en lo que quieres hacer – me dedico una sonrisa amable.
- Gracias…- dije débilmente yo y le devolví la sonrisa.- ¿Y tú?
-¿Yo qué? Yo soy actor
Le miré con cara de pocos amigos.- ¿Cómo es eso de ser actor? – pregunté intrigada, de todo lo que habíamos hablado en estos dos días, nunca había salido este tema. Siempre habíamos hablado de gustos, anécdotas, familia, ideales y amor, pero nunca sobre su carrera.
- Emmm… es…. Interesante. No sé… - hizo una mueca.
-Y qué más… ¿Cómo llegaste a esto? – hice un gesto con la mano, mostrándole el mundo a nuestro alrededor, que era lo que él tenia. Me entendió.
Seguíamos caminando por las calles desiertas de Marysville, ambos con las manos en los bolsillos, ambos pateando las hojas que habían comenzado a caer… el otoño se veía próximo y también se hacia notar en el aire, estaba mas que fresco, era helado.
- No lo sé… supongo que fue timidez… a los 14 no me atrevía ha hablarle a las chicas…entonces papá me dijo que me inscribiera en una academia de teatro por que ahí podía conocer chicas lindas – sonrió culpable mientras decía eso, a mi me parecía lo más cómico del mundo así que acompañe su sonrisa con una carcajada.- Y entonces me empezó a gustar esto… me sentía bien no siendo yo, me sentía más confiado y… y las chicas ¡wow! Superé mi trauma con ellas… - comentó divertido.
- Ah, me imagino, a mí una vez me gustó Thomas Hale, un chico que era la estrella del equipo de teatro del colegio, su seguridad hacia que se viera tan guapo, tan hombre… pero en realidad era un real tonto… - comenté distraída.
- Gracias. – dijo como si se lo hubiera dicho a él.
- ¡OH! Discúlpame, no me mal interpretes.
- No ahí problema… - comento – y entonces, llegó el primer papel importante… en… ¿Leíste alguna ves la saga de libros Harry Potter? - pregunto.
- Ajaja – me reí – Cederic Diggori. Si, en realidad me encanta leer, así que no me podía quedar abajo del expreso de Hogwart – reímos a coro.
- Sep – y me guiño un ojo – No es que fuera un papel tan grande… pero bueno.
- A mi me pareció bien… - dije para darle ánimos -Quiero decir si, no fue grande pero te hiciste notar.
- Gracias – me dedicó una sonrisa intencionada, que hizo que me pusiera un poco nerviosa y le cambiara de tema.
- ¿Pero no fue hasta el vampiro verdad? Con él te hiciste realmente famoso. – más que pregunta fue una afirmación.
- Exacto.
- ¿Y cómo es ser el chico más amado del mundo?
- ¿Sinceramente? La parte de ser perseguido por mujeres estupendas no está mal pero… Simplemente Odioso – y comenzó a reír de nuevo. Hasta ese momento no me había dado cuenta lo muy risueño que era.
- Ajajaja, que gracioso.
- sip…
Entonces seguimos caminando.
- Bien Robert… Creo que es un poco tarde… - dije mirando mi reloj de pulsera- lo he pasado… lo he pasado genial contigo esta noche…me ha servido, necesitaba despejar mi mente, ya saber… Lucas…- bajé la cabeza apenada.
- ¡No! No te pongas triste… - puso un dedo bajo mi barbilla y la levantó- por favor… - fue un momento extraño. Caroline, ella me mataría si sabía esto.
- Estoy bien…- dije tratando de zafarme de su mirada. Lo conocía apenas hacia dos días, pero hacia que me pusiera un poquitito… Está bien, lo admito, mátenme. Nerviosa del todo.
– Yo… tengo que irme… Adiós Robert – dije dándole un gran abrazo- cuídate mucho ¿Si?… - le sonreí amablemente, y luego me di la vuelta para irme. Me dio un poco de tristeza… él realmente me agradaba (y hasta ese momento no sabía lo mucho que era). Se quedo parado en la calle, sin decirme nada. Me fui.
- ¡Emilie! ¡Espera! – Ya llevaba casi media cuadra caminando y entonces me giré y le vi corriendo en mi dirección.
- Espera… -repitió cuando llegó a mi – ¿Nos volveremos a ver cierto? Quiero decir tú y yo… es que... Lo he pasado bien contigo esta noche… yo… no tengo muchos amigos y tu me agradas… mucho y…- me pareció gracioso como se trababa la lengua, ¿estaba nervioso o era mi impresión?
- Por mi parte no hay problema, eres un chico realmente entretenido… pero… bueno, si quieres salir otra ves y tienes tiempo puedes llamarme – dije amablemente. No quise pensar en la cosquillita que subió por mi mejilla cuando accidentalmente me imaginé paseando otra vez con Robert.
- Lo haré, te juro te llamaré de nuevo… - y me dedico una de sus sonrisas torcidas, que a estas alturas de la noche, conocía muy bien.
- Vale, me voy, Ariane debe estar hecha una fiera y quiero llegar viva a la Universidad.
-¿Tan Pronto? – Dijo apenado.- Si quieres te voy a dejar en un rato y por mientras podemos… - se rió.
- Basta, te odio. Buenas noches. – le di un beso torpe y vergonzoso en la mejilla.
-¡Te llamaré Mañana! – le oí gritar a mis espaldas.
- Ajam, lo que sea. – le grité yo. Juro haber visto que me guiñó un ojo.
Me metí a mi automóvil y me fui lo más rápido que pude a mi casa…
Cuando manejaba a casa, sonreí en la oscuridad de mi automóvil, no quise pensar mucho en eso que me había hecho sonreír, pero tenía un leve presentimiento que mucho tenía que ver con Robert. Me sonrojé.
* * *
Retomé mi vida, comencé a empacar, a despedirme de la familia, de los amigos… Ya solo me quedaba un fin de semana en Marysville y solo me había comunicado por mensajes de texto con Robert… En realidad muchos. Él no tenía mucho tiempo para salir, pero todos los días me mandaba un texto a la hora de almuerzo, contándome o preguntándome cosas, así que al final terminamos conociéndonos así, por teléfono.
Todo listo, tenía billete de avión para el domingo a las siete de la tarde.
Era viernes, por lo que solo me quedaban un par de horas, el tiempo me había alcanzado y estaba feliz.
Estaba recostada en mi cama, pensado en lo mucho que me gustaba Los ángeles desde niña, cuando mi celular comenzó a sonar. Me levanté rápidamente a buscarlo y entonces vi que era él. Sonreí, en mi interior lo estaba esperando.
- ¿Emilie? – tenía la estúpida manía de preguntarme siempre, pero le entendía, no podía rebelarle a nadie más que realmente era él. Sí, por que nuestra amistad durante esas dos semanas, había sido un tremendo secreto.
- ¡Hey! ¡Tanto tiempo chico desaparecido! ¿A qué debo el placer de tu llamada? ¿Necesitas que te salve de nuevo de una tropa de niñitas hambrientas? – me reí ante mi chiste y súper que al otro lado del teléfono él lo había hecho también, me encantaba tomarle el pelo.
- ¡Ni en broma! Es solo que sé que te vas el domingo y no quería que te fueras sin antes vernos de nuevo… - su voz sonó seductora.- ¿Estas disponible esta noche? ¿Tus padres te harán una comida de despedida o algo así? – pregunto un poco angustiado, temía que yo no pudiera salir, y esta era su única noche libre en la ciudad.
- Mmm…- quise alargar su angustia. Vale, ¿Cualquier señorita respetable se hace esperar no?
- ¿Y?
- Creo que te has perdido la comida… fue anoche… lo que quiere decir que si, estoy libre. – dije al fin divertida.
- ¡Uff! – Suspiró – Creí por un minuto que no alcanzaría a despedirme de ti…No me lo habría perdonado nunca…- dejó esas palabras flotando en el aire.- Entonces… - dijo durativo- ¿Quieres ir a cenar esta noche conmigo? – habló rápido como para que no le entendiera.
- ¿A cenar? – pregunté un poco compungida… Nunca nadie me había invitado a “Cenar” precisamente, salvo las comida con mis padres, pero de chicos ni hablar, a lo más a comer papas fritas a Mc Donáls y eso era mucho. – ¿A donde? – Volví a preguntar.
- Estaba pensado… como es tu última noche en la ciudad… no lo sé, un lugar bonito como… ¿La Bella Italia? – preguntó temeroso, como temiendo a que fuera decirle que no.
- ¿No es ese Restaurante que está al lado de tu Hotel? Mmm… parece… Bastante caro y elegante… ¿Estas seguro de que quieres pasar una vergüenza conmigo en un lugar como ese? Te contaré que la última ves que estuve ahí, le volqué por casualidad a mamá un vaso de vino en el vestido…- dije haciendo memoria de la desastrosa velada de acción de gracias de hacía tres años atrás.
- Sé que sabrás comportarte, además, contigo no me avergüenzo de nada… - sonó tan dulce que me comenzó a escocer la nariz, estaba muy emocionado por que fuéramos a cenar ahí y no quería matarle la ilusión pero…
- Vale… - dije al fin rindiéndome, no importaba mucho mi sacrificio, era la última vez que nos veríamos así que valía la pena ir a un lugar como ese. - ¿A qué hora nos encontramos aya?
- Emilie…- suspiro, estaba segura de que puso los ojos en blanco.- ¿Cómo supones que dejaré que vengas sola? No, yo soy tu cita esta noche, por lo que yo te pasaré a buscar a las nueve ¿Está bien? ¿Tus padres no pondrán objeción diciendo que tienes que pasar tiempo con ello ni nada? – Parecía realmente preocupado, pero no supe si era por mis padres o por él.
- No, ningún problema… y… Gracias… De verdad que me habría producido mucha tristeza irme sin despedirme de ti, has sido tan bueno conmigo…- de verdad lo habría sentido mucho.
- No tienes que agradecerme, es al revés… tú eres la que me salva a mi ¿Lo recuerdas? – una nota divertida sonó en su voz- Te veo luego ¿si? Te quiero…
¡OH! ¡Diablos! ¡Robert Pattinson me había dicho te quiero! ¿Me estaba volviendo loca? ¿El chico que había entrado a la academia de actuación por las chicas lindas? ¿Al que perseguían todas las mujeres de planeta me había dicho “Te quiero” a mí? Casi muero, aún que sabía bien que era un te quiero “Como amigos”
- Yo también te quiero – balbuceé como estúpida y corté. No, es que realmente Caroline me iba a matar.
Corrí al armario desesperada a desempolvar mi vestido verde esmeralda de noche. Era simple, sin tirantes, ceñido al cuerpo hasta la cintura y más suelta la falda, que me llegaba bajo las rodillas con un bonito corte Chanel. Me lo probé cruzando los dedos por que me quedara bueno y si, por lo menos entraba, cerraba y me veía bien. Alivio. Me lo saqueé con cuidado para no arrugarlo, el satén era una tela muy fina y se arrugaba con solo mirarlo. Busqué los zapatos y suspire el comprobar que todavía estaban. No tenía tiempo para ir a comprar ni nada.
- ¿Mamá? – golpeé en la puerta de su cuarto antes de entrar. Mi madre y yo no nos llevábamos muy bien, pero esta ves estaba emocionada y tenía que dejar salir a la niña pequeña que llevaba dentro.
- Pasa…- mi mamá estaba encima de su cama leyendo una novela.
- Permiso…- dije entrando y sentándome en el borde.- ¿Recuerdas ese chico del que te hable? ¿Humm Robert?
- Si, lo recuerdo ¿Qué tiene? - Por muy mal que me llevara con mi madre, las madres son tan intuitivas que siempre acaban sabiéndolo todo. – No me digas, te ha invitado a salir.
- Ajam…- dije totalmente emocionada.- Me ha invitado a La Bella Italia… esta noche
- Jajajaja Suerte con eso – mi madre recordaba mi incidente, pero eso no me quito la felicidad.- ¿Qué te vas a poner? – le brillaron los ojos, a pesar de todo estaba tan emocionada como yo.
- El vestido verde…- dije tímidamente, siempre que usaba ese vestido, mamá me prestaba algunas de sus joyas, regalo de la abuela Matilde antes de morir.
- Abre ese cajón… eso es… Solo cuídalas… y pásatelo bien esta noche ¿OK? – se acercó a mi y me dio un fuerte abrazo. – Mi pequeña niña, estas creciendo tan rápido.- se le llenaron los ojos de lagrimas. No nos llevábamos bien, pero eso no quería decir que no nos quisiéramos.
- Te quiero mamá, gracias.- dije respondiendo a su abrazo.
- Yo también Emilie.- y luego, salí corriendo feliz a mi habitación. No contaba con que la Bitch de mi hermana estuviera encima de mi vestido.
-¡Valla! ¿Vas a algún lado hermanita? – Sonrió malévolamente - ¿Algún chico te ha invitado a salir? … ¡OH! ¡Verdad que Lucas cree que tienes a otro! Y sinceramente…- me miró de arriba hacia abajo- No creo que puedas conseguir a nadie más… ¿Quién sería tan entupido para fijarse en ti? ¡Ja!
¡Huy! Cuanto la odiaba, deseé en ese momento gritarle en la cara con quien iba a salir, pero no era correcto exponer a Robert a las fechorías de mi hermana… además, ni si quiera me habría creído así que para que.
- Si, me han invitado a salir y no ha sido Lucas – Eso dolió, desde la noche del bar no había vuelto a saber de él y eso me tenía triste, me hubiera encantado con el alma que hubiese sido él pero… No, no podía pensar así, no le podía hacer esto, otra vez, a Robert que había sido un ángel conmigo desde el principio.
- ¿Si? Buena suerte con tu novio imaginario Freaki – y salio riendo y marcando no se que número de teléfono.
No permití que las malas palabras de Ariane me molestaran, en cambio, mi humor fue excelente. A las seis de la tarde me bañe y entonces comencé con los preparativos.
Me tomé el pelo con una trenza espiga muy bonita y elegante, y arriba, le puse la peineta de plata de mi madre.
Me puse un poco de rubor, me maquille las pestañas y luego me puse un brillito rosado en los labios.
-.Muy sobria, elegante y bonita. – pensé mientras me miraba en el espejo.
Me puse el vestido y todo fue mil veces mejor. No es que fuera yo… pero, me veía muy linda.
A las nueve menos un cuarto, alguien tocó la puerta de la casa, entonces, tomé mi pequeña chaquetilla a juego con el vestido, le di un beso a mi madre y fui a abrir.
Robert estaba esperándome. Cuando lo vi parado en mi puerta, quise gritar de felicidad y no fue por que fuera Robert Pattinson, el famoso actor, el rompecorazones mundial, sino por que se veía tan hermosos que era sobrecogedor. Usaba un traje negro, con camisa y corbata del mismo color y que hacían que su palidez, su cabello color bronce y sus ojos verde-azulados resaltaran. Era la combinación perfecta sin duda alguna.
Creo que se me abrió un poco la boca, por que entonces me dedicó una de sus sonrisas más sexy y me levantó la mandíbula con un dedo. (Otra vez)
-Te ves hermosa.- dijo solemnemente mirándome entera y luego volviendo a sonreír.
En cambio yo, parpadeé un par de veces y luego de esconder la cara para evitar que viera lo colorada que me había puesto entre su comentario y la manea en que me había levantado la barbilla con un dedo. Cuando al final recobré la compostura, arrugué la frente y dije haciendo como si nada hubiese pasado.
-¡WOW! Te ves estupendo…
-¡Milagro! – Dijo poniendo los ojos en blanco.- es el mejor cumplido que he logrado sacar de ti, entonces, eso me dice que va a ser una gran noche.- Se ensanchó su sonrisa y juré ver un brillo diferente en sus ojos.
- No seas tonto…- le regañé, todavía abochornada.- ¿Quieres pasar? O ¿Prefieres que nos vallamos de inmediato? - parpadeé esta ves un poco más coqueta que nada. No tenía ninguna intención de entrar a la casa, aun que podía sentir en la espalda las miradas fijas de mi madre y Ariane.
-Mmm…- lo pensó mientras miraba por sobre mi hombro y saludaba con una mano a quien supe era mi madre. Cuando volvió la mirada hacia mi, mi cara era de ¡Sácame de aquí! Por lo que sonrió con malicia e hizo gesto de avanzar hacia la casa.
-¡Robert! ¿Quieres llevar a cenar a mi madre? Por que si fuera por eso, no tendrías que haberme hecho vestir de esta manera.- le regañé en tono cariñoso.
-Vale, la guapa aquí eres tú – me ofreció caballerosamente su brazo y me llevó hasta la puerta del acompañante de su coche, me la abrió y esperó a que me sentara antes de rodear el automóvil e ir a su sitio.
- ¿Cómo es que te libraste de tus perseguidoras esta noche? – le pregunté tremendamente intrigada al verle conducir con tal naturalidad y tarareando distraídamente Brown eyed girl mientras conducía por la ciudad.
-Vale…- dijo contestándome.- si tampoco es tan malo… a veces se aburren de no verme en todo el día y milagrosamente se van… dejémoslo en eso.- Se encogió de hombros y esbozo otra de esas sonrisas con malicia. No quería imaginar la manera en que se “Deshacía de la prensa”
- Mmm… no te creo… Y ¿Las chicas? ¿Han dejado se seguirte? Supe por ahí que una tal… ¿Megan Fox? Mmm… creo que sí… te estaba atrapando en sus redes…- lo dije en tono burlón, me encantaba molestarlo con las cosas que realmente sabían no eran, con pura basura del canal E! Era tremendamente entretenido hacer que pusiera esas caras de: Emilie…
- Tal vez, tal vez…- sonrió.
¡Douh! Eso fue un golpe bajo, no se me había ocurrido pensar que lo afirmaría. Entonces de a poco comenzaron a picarme las palmas de las manos, pero solo mucho tiempo después descubriría que es lo que significaba eso.
-¿Si? Mmm… me alegro por ti.- JM, no iba a dejar que me la ganara.
-Es una chica totalmente guapa, es tan grande tan…- puso una cara que izo que me llegara la ira a la coronilla, pero me contuve.
- Mmm si…- ronroneó pensativo.- pero… - me miró de reojo.- Tú estas mejor.- Y ahora ni si quiera fue discreto, se carcajeó de verdad. Y yo por su puesto lo miré con recelo, este chico si que no se iba con rodeos ¿no?
- Ah, que lindo… ¿Cuál es el chiste? – Era crueldad compararme con ella, esa mujer hecha y derecha, yo en cambio era un estropajo a su lado. - ¿Nadie te ha enseñado que comparar a dos chicas es lo peor que puedes hacer en tu primera cita? - ¡Diablos! ¿Qué había dicho? No, ahora si estaba frita. Me congelé en el asiento, esperando su reacción.
- Así que ahora oficialmente es una cita… me parece bien.- sonrió complacido y yo respiré.
-Lo siento, es que no me gusta que me ganes así que tenía que usar algo ¿no? – intenté arreglar las cosas… bueno, por mi parte por que al parecer él se la estaba pasando fenomenal viéndome comportarme como una estúpida. En todo caso, siempre hacía mismo y estúpida y mágicamente, siempre me ganaba. Este chico tenía una estrella de la suerte.
- A mi no me incomoda… es más. –Estaciono el coche fuera de “La Bella Italia” y me miró profundamente.- ¿Quieres cenar esta noche conmigo?
-¿Qué pregunta es esa tontito?
-¿Quieres tener conmigo una cita?
-¿Y por qué no invitas mejor a esa Megan? Tal vez se la pasan mejor.- Ja! Era mi golpe.
- Vale, reconozco tu triunfo esta ves, pero no creas que te dejaré ganar la guerra. ¡Vamos pequeña ardilla! ¡La noche es joven y nos queda mucho todavía! – se bajó del automóvil y me abrió la puerta, ayudándome a salir y ofreciéndome otra ves su brazo.
- ¡Espera! – me detuve en seco cunado me di cuenta de un detalle.- ¿Cómo me has llamado? – me preció más que extraño.
- ¿No creer que no iba a investigar un poco sobre ti cierto? ¿Por qué tú puedes saber todo de mí en Internet y TV y yo no de ti? Estamos a mano, reconócelo.- y me guiñó un ojo.
-¿Será por que tú eres una súper estrella mundial? Yo solo soy una simple campesina.- dije haciendo una reverencia con el vestido.
- De campesina ni la trenza – dijo poniendo los ojos en blanco, tirándome cariñosamente el pelo y abriéndome la puerta para que pudiera entrar.
- Gracias galán.- dije coqueta. ¡Dios! Amaba este juego… lo único malo, es que se me revolvía el estómago cuando recordaba que Caroline no sabía nada de esto y que probablemente en dos días no nos fuéramos a ver nunca más e la vida. Quise no pensar en eso y solo disfrutar el momento.
- De nada Damicella. – me guiñó un ojo.
La comida estaba muy rica, habíamos pedido espagueti a la boloñesa acompañado con Vino para él y coca cola para mí. No es que nunca hubiese bebido alcohol pero hasta los 21 lo tenía prohibido por ley.
- ¿Dónde vas a vivir? – Preguntó Robert mientras tomaba un sorbo de vino.
- Con mi padre en su departamento, está a solo 20 minutos de la facultad, así que estaba bien para mí. Tengo mi coche, por lo que no es problema.- me encogí de hombros.
- ¿En qué calle? – siguió presionando
- Abery Road, no recuerdo en número.
-¿Te vas a vivir a Los Ángeles por culpa de tu hermana?
-En parte si…
-¿Te gustaría quedarte aquí?
- Probablemente no.
-Bien…
- ¿Y tú?
-¿Yo qué?
-¿Qué harás luego de dejar Marysville? ¿Volver a Londres tal vez?
- No.
-¿Entonces?
- Me mudo a Los Ángeles.- lo dijo sin ni si quiera inmutarse.
Casi se me volcó el vaso que tenía en la mano de la pura impresión. Yo estaba tan convencida que Robert se iría a vivir a algún país lejano que nunca lo volvería a ver, pero nunca se me pasó por la cabeza creer que viviríamos en la misma ciudad… Hecho que no justificara que nos volviéramos a encontrar… Tal ves él tenía otros compromisos, tal ves me encontraba interesante por que este era un pueblo tan aburrido que no encontraba con quien salir. Tal ves...
-¿Qué dices? Creo que vamos a ser vecinos.- siguió como si no hubiera dicho nada importante.
-Valla…- fue lo único que se me salió.
-¿No te agrada la idea? – comenzó a ponerse nervioso al verme tan… ¿Inexpresiva? ¿Impresionada?
-Si… pero…
-Si ¿Pero que?
- Si pero en Los ángeles lo más probable es que dejes de ser mi amigo. – Dije eso a tiempo, cuando logré reponer la compostura que había perdido.
-¿Qué te hace pensar que quiero dejar de serlo? – levantó una ceja de manera tremendamente seductora. No me había percatado, pero de a poco durante la conversación nos habíamos inclinado cada uno hacia el otro por encima de la mesa.
-El que eres una celebridad, que tiene cosas mucho más importantes que hacer que escuchar a una chica estúpida sobre su aburrida vida de universitaria.
-No me parece.
-Vas a tener distracciones, pronto te vas a olvidar de mi.- dije eso con convicción, aun que de igual manera se me apretó un poco el estómago. En todo caso, nunca me había hecho amiga de Robert por un motivo tan Romántico, todavía me gustaba Lucas, pero de igual manera Robert era tremendamente atrayente e influía bastante en mi vida últimamente. Pero siempre (me suena a mucho tiempo, ¿eran dos semanas?) había sabido que algún día cada cual partiría a su camino y no creí que ver irse a Robert me iba a molestar.
- Vas a darte cuenta que voy a estar más presente en tu vida de lo que tu quisieras – sonrió con aire de misterio.
-¿Por qué lo dices? ¡Claro! Cuando valla al cine con mis compañeras de Universidad y te vea a través de la pantalla. ¡Hola Robert! ¿Te acuerdas de mí? – hice la mímica mirando hacia arriba, emulando estar frente a un telón de cine. Me reí.
- Que divertido.- hizo una mueca.- No, no de esa manera pero no puedo decirte nada más.
-Por no tienes nada que decir seguramente – le desafié.
- Déjalo ya, pronto vas a saber, pero no esta noche.- Y me dedicó otras de sus sonrisas coquetas. Hizo un además a la mecerá. Que lo miró con cara de babosa. La cena había estado exquisita, pero ya eran las diez. Rodeó la mesa y me corrió la silla para ayudarme a salir.
-Garcías- sonreí sinceramente y el me la devolvió. Me ayudó con mi chaquetilla.
-¡Huy! Creo que he dejado mi celular en el hotel…- dijo pensativo revisando los bolsillos de su chaqueta mientras alcanzábamos su Automóvil. -¿Quieres acompañarme a buscarlo? Juro no demorar mucho y creo que todavía es temprano como para que llegues a casa Cenicienta.
- Mmm… probablemente si. Vale vamos, te acompaño y después me vas a dejar.
- Ok, pero… preferiría que me acompañaras hasta arriba si no te molesta… -se notaba un poco complicado, pero supuse el por qué. El lobby de su Hotel tenía el frontis totalmente hecho de vidrio así que desde fuera era muy probable que nos fueran a ver y como era Él, sería casi seguro que los periodistas nos acecharían. Yo no tenía intenciones que me fotografiaran y mucho menos en causarle problemas, así que le contesté:
-Vale, no tengo problema… tampoco quiero que los tengas tú por que… ¿Qué pensaría Megan si te ven conmigo? – me carcajeé en su cara.
-Probablemente lo mismo que la mitad del planeta.- rió.
Su hotel estaba a pocas cuadras de La Bella Italia, por lo que solo fue un paseo de dos minutos. Descendió hasta el estacionamiento subterráneo y aparcó frente a la puerta del ascensor.
Entramos y ninguno habló, fue un silencio un poco incómodo y luego de dos pisos me di cuenta del por qué me sentía así. ¿Yo estaba loca o qué? ¿Cómo se me ocurría subir con un chico hasta su habitación en un hotel? ¿Qué pensaría de mí la gente?
-Mmm… - ronroneé tristemente.
-¿Qué pasa?
-Presiento que mi madre me mataría si supiera que te he acompañado a tu habitación – me sonrojé. No esperaba que fuera a pasar nada y sabía por descontado que eso iba a ser así, pero con una madre como la mía y formada en una familia altamente ligada a los valores cristianos…
- Tranquila… No muerdo.- y puso una cara de ángel tan linda que me dieron ganas de abrazarle… ¡OPS!
- No estoy tan segura…- dije en voz baja.- ¿Quién es el chico vampiro? – me reí.
- ¡Oh! Claro… pero recuerda que soy Vegetariano… ¿Eso cuenta? ¿Te tranquiliza?
-Puede que si.
Llegamos al piso número ocho que era el suyo. En realidad la mitad. Yo nunca había subido tan alto en ese Hotel, de pequeña, acompañaba a mi padre a reuniones y comidas por el estilo, pero nunca me había dejado tanto rato sola como para poder explorar hasta aquí.
-Tranquila – repitió.- Técnicamente no vas a conocer mi habitación- le brillaron los ojos con lo cual me puse nerviosa.- Solo el living comedor.- y abrió la puerta de una suite o mejor dicho mini departamento ¡UHF! Alivio. – adelante, bienvenida a mi humilde morada.- se rió de su propio chiste por que de humilde nada. Y entró como un huracán sacándose la chaqueta y desabotonándose un poco la camisa.
– ¡Vamos pasa! Si quieres puedes ver TV o lo que sea, estas en tu casa, juro no me demorará mucho- me dedicó una sonrisa amable y entró rápidamente por una puerta a la derecha.
-Dale, apúrate.- Caminé hasta un gran sofá y me senté cómodamente, tomé el control a distancia y prendí la TV, en el cana E! Por si es que salía algo que me diera la oportunidad de molestarle más tarde. Pero comenzaron a pasar los minutos y nada en el canal y nada por la puerta de la habitación de Robert.
-¿Te has quedado dormida? – me sobresaltó su voz desde el dormitorio.
- No… Aún, pero si no te apuras no alcanzaré a despedirme de ti y tendré que irme – me reí.- Y yo que creía que las mujeres éramos las pretenciosas y eso que tú solo venías a buscar tu celular… - le grité amigablemente desde el sofá.
-Es que no resisto a ponerme mis jeans y algo más normal… Los trajes me matan.
Toc Toc. Alguien tocaba la puerta, y mientras yo levanté la cabeza para gritarle a Robert que alguien tocaba, le vi pasar a mi lado a toda prisa y ¡Sin Camisa! ¡WOW! Ni si quiera se molestó en ir poniéndosela por el pasillo, así sin más, dejándome sin aire. Y debo reconocer que estaba bastante bien. Miró por el ojo mágico de la puerta y abrió.
-¿Emilie? – levanté más la cabeza, que había escondido después de tamaña impresión, al escuchar mi nombre, pero no me hablaba a mi, el hablaba a la mujer que estaba parada en la puerta. Era bajita, delgada, muy blanca y rubia. Llevaba solo un Short cortísimo y una camiseta de algodón sin mangas. Su pinta me hizo preguntarme si es que toda la gente iba medio desnuda por ese lugar.
-¡Robert! – Gritó la chica alegremente, pero toda esa felicidad se le borró de la cara cuando lo vio sin camisa y me vio a mi tirada en el sofá. - ¡OH! ¡Dios mío! –Dijo girándose para no ver nada.- ¡Lo siento! Yo no creí que fueras a estar ocupado, yo solo venía a… ¡A pedirte azúcar! Si, a eso… pero vuelvo mañana, no te preocupes… ¡Adiós! – y comenzó a avanzar por el pasillo. Robert la tomo de un codo suavemente y la detuvo.
- Emilie, es un malentendido.- Se pasó una mano por el cabello e hizo un ademán divertido. – Ven, quiero presentarte a alguien.
-¿Emilie? – me llamó esta vez a mí, que me había vuelto a enterrar en el sofá y estaba mucho más roja que un tomate.
-¿Si? – Contesté parándome de inmediato y alejándome un poco de ellos. Ella, la chica, me miraba con cara de odio y después de todo no tenía que pensar mucho en el por qué. Seguramente yo le había arruinado su plan para encontrarse con Robert… Por que la manera en que vestía, decía mucho sin hablar.
- Emilie de Ravin, ella es Emilie Montgomery - dijo Robert presentándonos.
-Un gusto.- y le hice un gesto con la mano, todavía estaba muy nerviosa como para acercarme a ella.
-Un gusta también linda…- dijo la última palabra entre dientes, pero al parecer, Robert no lo notó.
-Emilie – dijo refiriéndose a ella. - Ella – hizo un gesto hacia mi- es mi amiga de la que te he hablado… por favor no vallas a creer que…- se dio cuenta que no llevaba camisa y se sonrojó – Yo he venido a cambiarme ropa para llevarla a su casa y entonces has tocado la puerta y he tenido que venir a ver… ni si quiera estábamos juntos.
-¡NO! Créeme que no.- abrí los ojos en grande cuando me di cuenta que ella miraba escéptica.
- Chicos, no se preocupen… soy discreta – le guiñó un ojo a Robert y se dio la vuelta encolerizada y comenzó a andar por el pasillo.
-¡Emilie! – le gritó Robert pero ella no le miró.
-¡Huy! Creo que ella se enojó… mejor ve a buscarla…. Yo llamo a un taxi, no te preocupes… - dije tratando de no mirarle.- ¡Adiós Robert! – dije caminando rápidamente hacia la puerta.- Gracias por todo, la comida, la compañía, pero creo que es hora que me…- entonces extendió un brazo cortándome el paso y quedando a escasos centímetros de mi. Levanté la mirada y me encontré con su cara a menos de veinte centímetros. Él sonreía complacido y yo arrugué el ceño y di un paso hacia atrás.
-Dame un segundo, no me demoraré nada.- Su cara era de diversión y su sonrisa una de las más coquetas que le había visto nunca, parecía estar disfrutando con mi desorientación. Me guiñó un ojo antes y Caminó lentamente cuando se aseguró de que yo estaba sentada otra vez en el sillón y entró a terminar de cambiarse ropa. Mientras yo me las arreglaba para tratar de no comenzar a hiperventilar.
-Debiste haber ido a explicarle – le regañé.- Quizás qué cosa piensa ella ahora de mi. Me alegro no tener que verla nunca más en mi vida, por que se me hubiese caído la cara de vergüenza… y ¡Tú! ¿Cómo se te ocurre ir a abrir la puerta así? ¡Pudo haber sido cualquiera!
-Jajajaja No te alteres… no me importa mucho lo que ella valla a pensar, además, tal ves así deja de perseguirme. Créeme me has hecho un enorme favor.- dijo acentuando la palabra enorme, mientras giraba en una esquina.
-Claro, como a ti todas te persiguen…- suspiré, eso era cierto.
- Emilie no me ha dejado en paz durante los dos meses que hemos estado aquí, necesitaba un poco de su propia medicina ¿No crees? – se encogió de hombros y luego comenzó a reír.
- Si… ¡Pero de igual modo! Eso no se hace… Pobrecilla, no la culpo por que la vuelvas loca…- eso se me salió sin pensarlo y cuando me di cuenta me puse rígida, esperando que él no lo hubiera notado, pero solo siguió con su tono de broma y siguió alegremente.
-¿Y a ti? ¿Te vuelvo loca?
- ¡Robert! No, ni un poquito, no soy como todas esas chicas estúpidas que babean por los chicos solo por lo buenos que están…
-¡Entonces admites que estoy bueno!
-¡No dije eso! Dije que a mi me gusta la gente cuando la conozco. Punto. – y, nuevamente colorada, me puse a mirar por la ventana. Pasaron un par de minutos y luego dijo.
-Yo te gusto, admítelo.- lo dijo por lo bajo, no sé si quería que yo lo escuchara o no, pero de todos modos le contesté.
-Eres mi amigo, no es nada más…
Puso los ojos en blanco y agregó.
-Claro…
- ¿Podemos cambiar de tema?
-Como tú quieras…-contestó alegre. Este chico era increíble.
- ¿Cuándo te vas de aquí?
- En una semana… Luego viajaré a San Diego por unos asuntos de promoción de la película del vampiro…
- Comic – con
-Exacto… y luego a Los ángeles hasta finales de invierno, tengo dos meses libres. – sonrió, parecía complacido de tomar vacaciones después de tanto tiempo.
Dobló en la última esquina y apagó el motor frente a mi casa, todavía faltaba media hora para las doce.
-¿En cerio vivirás en Los Ángeles? ¿Por qué no Londres? Yo Algún día iré a visitar Inglaterra… -dije en tono soñador, siempre me había gustado ese país y desde que mi padre había viajado y me había traído muchas cosas, más me gustaba.
-¿Si? Podríamos ir juntos… yo seré tu guía turístico, te llevaré a las mejores fiestas, te enseñaré nuestras tradiciones y te llevaré a conocer los lugares más lindos que verás en tu vida… - Parecía emocionado y parecía que de verdad le gustara la idea de viajar conmigo.
- Es lindo de tu parte – dije sincera – pero recuerda que…
-Según tú no nos veremos nunca más…- dijo con tono monocorde.
-Exacto.- y nos quedamos callados durante un rato. No se si fue por que ninguno tenía nada que decir, por que ninguno quería despedirse o para alargar el momento.
- Entonces… creo que es hora de decirte Adiós… - no contestó. – Gracias por todo, de verdad fueron dos semanas muy entretenidas, la sorpresa de Van Morrison, el encierro en el baño, los mensajes de texto y la comida de esta noche… en realidad todo…- seguía sin hablar, mirando fijamente por la ventana- Cúidate mucho ¿Si? Y aún que tu nunca más te vallas a acordar de mí, yo te recordaré… Suerte en todo chico Actor…- y me incliné para bésalo lentamente en la mejilla, a lo que el solo cerró los ojos y suspiró – te quiero. –dije mientras abría la puerta de puerta del automóvil. Su silencio me dolió mucho y no quería quedarme ahí sin que me dijera nada, para siempre. Estúpidamente me comenzó a escocer la nariz pero no lloré.
No quise voltearme a verlo irse, así que camine en línea recta a través de la entrada de mi casa. Iba cabizbaja, me hubiera gustado que me hubiese dicho si quiera que me cuidara. En fin, así era la vida, la gente solo iba y venía…
-Discúlpame…- Robert me había seguido y me había tomado de un brazo para que me girara. Su voz parecía triste y se notaba avergonzado. Lo miré y quise abrazarlo fuerte, pero antes de que yo reaccionara, me había abrazado él a mi. Podía sentir sus manos en mi espalda. – Por favor discúlpame… es solo que me cortan un poco las despedidas…- me susurró al oído. – Cúidate mucho cielo, intentaré llamarte lo antes posible ¿Bueno? – Fue muy dulce cuando dijo todo eso, al punto que quise echarme a llorar. Al parecer, le había tomado mucho cariño a Robert y de verdad lo iba a extrañar horrores, así como él parecía estar también un poco afectado con esto. Asentí con la cabeza por que me creí incapaz de hablar. A mi tampoco me gustaban las despedidas, era un poco sensible con este tema, si hasta cuando el televisión la gente se despedía, yo lloraba a mares. – También te quiero mucho… Nos vemos en un par de días.- y me estampó un sonoro beso en la mejilla y me estrechó aún más contra él. – Gracias por todo, eres de las mejores personas que he conocido últimamente.-sonrió y luego de volver a abrazarme, me dio un beso en la mano y me dejó ir. Le sonreí tímidamente y entre la casa, solo para mirar por la ventana como se iba a paso lento por el jardín.
* * *
Fue un sábado movido. Junté mis maletas en la cochera para que al otro día me fuera más fácil subirlas arriba del automóvil. Tuvimos un almuerzo familiar para despedirnos a Papá y a mí y luego salí a vagar por las calles de Marysville.
-No puedo creer que vallas a irte tan lejos.- comentó tristemente Caroline mientras esperábamos nuestro turno para comprar helado en el centro comercial. Aún que estuviera lloviendo, no hacía mucho frío.
-Ni tu tampoco… Yo por lo menos estaré dentro del país… tú estarás en Canadá.- la chica de los helados me pidió el ticket.
- Pero no es tan lejos… Vancouver está a dos horas de aquí y lo sabes… Los Ángeles está a cuatro horas de vuelo, y eso es casi dos días en automóvil ¿Cuándo más te voy a ver?
-Tranquila, las vacaciones pienso pasarlas aquí… Menta y chocolate por favor.
- Pero no es lo mismo… Coco y crema.
-Ya lo sé… pero ¿Qué otro remedio me queda? Ni muerta me iba a Seattle, no con Ariane cerca y a Vancouver no me iba a dejar ir ni muertos. Lo único que me quedaba era Los Ángeles. – me encogí de hombros y probé la primera bocanada de mi helado.
-Insisto que es mucho… después llegarás convertida en toda una Diva y lo más probable es que ni me hables.- refunfuñó.
-Estas loca, eres mi mejor amiga, no voy a dejar que un tonto cambio de ciudad nos separe.- le sonreí y la tomé del brazo haciéndola avanzar alegremente por el patio de comida.
-Eso espero, más te vale…
-Jajaja, Ridícula, te quiero.
-¡OH! Dios mío…- se había parado en seco.- Lucas Jonhson a la vista…
-¡Mierda! – se me resbaló la cuchara con helado y fue a dar directo a mi zapatilla. -¡Donde me escondo! – demasiado tarde, venia directamente hacia mi. Ese día vestía unos jeans azules, llevaba el cabello totalmente desordenado, un poleron azul y mis Rayban clásicas. Siniestramente me recordó a Robert.
-Hola chicas…- dijo y se inclino para besarme dulcemente en la mejilla. -¿Cómo van? ¿Disfrutando de su último día de vacaciones? – me miró directamente a mi.
-Mmm… si, salida de chicas supongo, nuestra despedida.
-¿Las incomodo?
-No Lucas, nada de eso ¿Quieres sentarte con nosotras un rato? Sería bueno despedirme de los amigos…
-Emm…- lo dudó.- mejor no…
- Ah… bueno… tal ves tienes más cosas que hacer…
-No pero… ¿Puedo robártela un segundo? – le preguntó a Carolina refiriéndose a mi.
-No problema, voy a darme una vuelta ¿Cómo saber me encuentro con Robert Pattinson por casualidad? Jajaja. Los veo chicos. – y dio media vuelta y se perdió entre la multitud.
-¿Caminamos? – dijo Lucas tomándome de la mano. Mi primer reflejo fue retirarla bruscamente, pero no por que me desagradara el contacto de su mano con la mía, sino por la impresión de ver todos mis sueños de cuatro años, reducidos a un día. -¿Te desagrada? – parecía compungido.
-No… es solo que… es extraño. – dije desorientada y él sonrió.
-Siempre soñé caminar contigo de la mano… - dijo pensativo y estuve muy tentada a decirle yo también, en cambio, seguí caminando en silencio. Totalmente desconcertada
Avanzamos hasta la salida, al frente del centro comercial, había un parque de niños muy lindo y como estaba lloviendo, estaba prácticamente vacío. Caminamos hasta llegar a los columpios, entonces cada uno se sentó en uno. Yo mantenía la cabeza agachada, a pesar de que estar con Lucas parecía un sueño, pronto se acabaría, así que no quería involucrarme… tanto.
- ¿A qué hora te vas? – ¡UF! Horrible, me acordé que Robert me había hecho una pregunta parecida… ¿Robert? ¿Por qué tenía que acordarme de él justo ahora?
-Mañana a las siete…- no supe que más decirle.
-¿No puedes quedarte unos días más? – dijo mientras jugaba con mis manos, sin apartar la mirada de éstas.
-No… está todo listo…
No dijo nada, puso cara de tristeza.
-Pudimos haber sido linda pareja…- suspiró al fin. Quise matarlo y entonces retiré bruscamente la mano de entre las suyas ¿Ahora se daba cuenta?
-Si, Pudimos pero no fuimos.- le fulminé con la mirada.
-No te pongas así… es solo que yo soy un idiota y tu eres muy tímida… es culpa de los dos ¿no? – intentó bromear pero no le salio bien.
-Si.
-¿Emilie? ¿Qué pasaría si yo te pidiera hoy si quieres ser mi novia? ¿Es muy tarde? – por primera ves en todo ese rato me miró a la cara. Sus ojos se volvieron color plata con la luz de las nubes, haciendo dar saltos a mi corazón. – Me equivoqué, lo siento, nunca te di una oportunidad clara… Yo haría hasta lo imposible por estar contigo siempre… solo déjame hacerlo…
Lo pensé, lo pensé mucho, pero habían demasiadas cosas en juego y…
-Te quiero mucho, fuiste mi primer gran amor- me reí amargamente- pero Lucas… me voy y no creo volver pronto… ¿Quién sabe cuando nos veamos la próxima vez? Tu te vas a Seattle y vas a empezar una vida nueva, conocerás chicas increíbles y yo… yo bueno…
-¿Es por él cierto? ¿El chico del bar?
-¡OH! No, él es solo un amigo, me debía un favor así que por eso me invitó… pero…
El futuro no tiene que ver con nadie Lucas. No me quiero ir amarrada a lo que nunca fue…- me demoré mucho en decir eso, pero al fin y al cabo era verdad. - Por muy romántico que suene el juego de miradas, la galantería, el coqueteo, el cariño… los cuatro años de miradas y cartas… no se puede vivir de aire y tampoco de recuerdos. La vida es demasiado corta para vivir en el pasado y si se vive en el pasado se olvida de vivir. Yo no quiero eso para mí.
-¿No me quieres? ¿Por eso quieres que me valla de tu vida?
-Te quiero, pero también quiero crecer.
-Discúlpame… pero vi que te ibas y que no había hecho nada, que se me fue el tiempo y tenía que intentarlo… Espero que cuando vuelvas podamos… intentar algo… tal vez.
-No voy a volver Lucas. Y por favor… eres un chico increíble, eres todo un caballero, en Seattle debe haber mil chicas más listas, más guapas, mucho más TOP que yo… Solo tienes que encontrar a la indicada y atreverte antes.
-La indicada eras tu.- Nunca había visto a Lucas así, estaba triste de verdad y por descontado que me había imaginado a mi hablándole de todo eso… rechazándolo. Y lo peor es que en el fondo sabía que el crecer, la distancia y el tiempo no lo eran todo en ese rechazo… había otro motivo mayor que no quise reconocer.
- Ven…- me paré y le di un gran abrazo.- Siempre te recordaré como mi súper amor, pero se nos fue el tiempo, solo quedamos en eso… un recuerdo lindo. ¿Ya? Le di un beso en la mejilla como forma de darle ánimos.
-Te quiero…- y entonces tomó mi cara entre sus dos manos y se detuvo a pocos centímetros de mí. - ¿Si te beso ahora cambiaría algo?
-No Lucas, no cambiaria en nada así que no lo hagas… - estaba aterrada, eso era lo que había querido siempre, pero tenía la impresión que ese recuerdo me atormentaría después.
- Yo…- dijo acercándose más.- ¿Puedo?
- ¡Lucas! – Suspiré en voz alta – No lo hagas… por favor…- me estaban entrando ganas de echarme a llorar y patearlo por idiota, por que todo ese tiempo pudimos haber sido una pareja feliz si él se hubiese decidido antes.
-Te quiero…- y entonces me estampó un beso en la boca.
Al principio, no supe que hacer e intenté con todas mis fuerzas resistirme, intenté zafarme de sus grandes manos, pero luego el beso se hizo cálido y dije al diablo. Dejé de resistirme, venciéndome en lo que pudo ser y no fue. Cuando al fin se rindió, me abrazo fuerte.
-No quiero que las cosas terminen así, siempre voy a encontrar la manera de estar contigo… lo juro.- y me volvió a besar, pero esta ves no me resistí. No había manera.
-No Lucas, no quiero que lo hagas…
-Si quieres…- beso.
-¡Para ya! Esto tiene que acabar de una vez. – Me paré y le hablé fuerte – No puedes vivir de esto, me voy y no quiero que me sigas… - me dolió decir eso ¿Por qué los amores adolescentes tenían que ser tan complicados? - Esto se acabo.
-¿Estamos rompiendo? – se le llenaron los ojos de lagrimas, y quise abalanzarme sobre él y cobijarle, pero estaba decidida, esto nos hacía mal a los dos.
-Si, estoy rompiendo contigo…- dos gruesas gotas comenzaron a caer por mi cara.- No quiero verte nunca más. – cerré los ojos.
No dijo nada, solo sentí que me besaba de nuevo y me susurraba – Te amo.- pero corrí la cara. Pasaron más de dos minutos en que no abrí los ojos… y cuando los abrí, él ya no estaba.
Volví con paso muerto al centro comercial y por el rabillo del ojo, le vi subirse a su automóvil e irse para siempre de mi vida. Hice de tripas corazón y subí a buscar a Caroline, tenía también que despedirme de ella.
Llegué a la casa con la nariz muy roja y empapada entera. Así que por lo menos no se me notaba lo mucho que había llorado. Extrañaba a Caroline y eso que todavía no me iba, extrañaba a Lucas y me odiaba a mi misma por lo que había hecho… pero por sobre todas las cosas, extrañaba a Robert. ¿En qué momento lo había metido tanto en mi vida?
Saludé a mi madre desde lejos y corría esconderme a mi habitación, levanté las tapas de la cama y me arropé hasta la cabeza. Era la última noche que dormía ahí.
* * *
-Mamá tranquila… solo estaré fuera hasta vacaciones de invierno y siempre en compañía de papá… mucho peor hubiera sido si me hubiese ido sola…- intenté consolar a mi madre que estaba hecha un lío. Papá y yo habíamos entregado ya nuestro equipaje y faltaban 5 minutos para la hora de embarque.
- Es que es solo… que… para mí siempre vas a ser una nenita…- mi madre sollozó dramáticamente y yo suspiré. Ni si quiera me iba de la casa, solo iba a la gran ciudad a estudiar. Esa era una de las pocas cosas que no me gustaban de mi mamá, pero que hacían que siempre nos lleváramos tan mal. Era tremendamente exagerada, y podía convertir encalmado vasito de agua, en un tremendo huracán.
-Melanie, no llores así por que solo lograras asustar a Emilie…- mi padre la abrazó por los hombros y le dio un beso cariñoso en la frente, que era lo único que la calmaba cuando le daban esos ataques.
-Papá tiene razón… Además ¡Alégrate! El ya no estará tan solo… y tú tampoco lo estaría si quisieras irte con nosotros.
-Pero no puedo dejar sola a tu hermana. – y le acarició la cara a Ariane.
-Mamá yo siempre estoy bien. – regañó la aludida.
-Bueno pero eso no es discutible… no podemos dejar la casa, los vecinos, la familia…
Ariane, papá y yo nos miramos a la vez, mi madre siempre pensaba tanto en los demás (Ojo, que no fueran yo) y siempre intentaba sacrificarse de alguna manera por el resto, ella era una eterna mártir de batallas.
-Bueno pero tú puedes venir con nosotros cuando quieras…- papá la alentó.
-Muchas gracias mi amor, no sé que haría sin ti.- y le volvió el ataque.
-Pasajeros del avión número 765 con destino a Los Ángeles por favor abordar la nave. Pasajeros del avión número 765 con destino a Los Ángeles por favor abordar la nave. – repitió dos veces una voz por lo alto.
-Es hora… te quiero mamá, cúidate ¿Si? Y no te preocupes por papá, yo lo mantendré por el buen camino. – me reí para infundarle valor y le di un gran abrazo.
-Te quiero mi vida, cualquier cosa sabes aquí esta tu casa y siempre va a ser para ti.- me lo devolvió.
-Adiós estúpida… saluda a tus Ken por mi ¿Quieres? – le di un abrazo a regañadientes.
-Yo también te deseo buen año escolar, cúidate enferma.
-Lo que digas rubita.- le hice una mueca, para luego sonreír y correr a darle un abrazo de verdad, de hermanas.
-Te quiero, aun que seas la hermana más odiosa del mundo.- dije con sinceridad, extrañaría las maldades de mi hermana.
-Yo también… - dijo por lo bajo.- pero que nadie sepa. – y se alejó de mi rápidamente.
-Ni lo digas…
-Adiós chicas, las amo.- mi papá de despido de las dos y entonces comenzamos a caminar por el pasillo de embarque.
* * *
- Estoy muerta, me siento fatal.- dije desplomándome encima del sofá de la sala de mi padre.
-Yo también…- dijo mi padre sentándose a mi lado. – No puedo creer que las vacaciones terminaran y menos tenerte aquí conmigo.- me dedicó una sonrisa cariñosa y me comenzó a despeinar el cabello con una mano.
-¿Sabes papá? Creo que nos llevaremos bien…- realmente lo pensaba. Siempre en casa, mi padre había sido mí aliado las noches en que madre no quería dejarme salir o cuando me castigaba sin darme postre, en ocasiones como esas, padre me llevaba a las fiestas o me regalaba chocolates después de la cena. Nos parecíamos bastante, tanto en la forma física y emocional, así que supuse sería muy fácil vivir con una persona que se rige por la ley del “Vive y deja vivir”
-Yo también lo creo hija…
Los primeros días de mi estancia en Los Ángeles, me dediqué a ordenar mis pertenencias en mi habitación, que a pesar de ser un poco más pequeña que la de mi anterior residencia, era mucho más íntima y acogedora, y a reconocer un poco los terrenos en que me movería. Me paseé por el metro, por las calles en conche, recorrí a pié el trayecto entre el departamento de mi padre y la universidad y aproveché de comprar algunos libros y materiales que se me pedían para el primer semestre.
Estaba muy emocionada por que me sentía bastante grande haciendo todo eso.
Con mi padre, nos repartíamos las tareas domesticas los días que no iba la nana, y de cocinar me encargué yo las veces que papá estaba en casa… Eso no era muy común por que generalmente tenía reuniones con productores importantes y cosas por el estilo, así que me dejaba dinero para comprar comía por teléfono.
Dos semanas después de mi llegada a Los Ángeles, ya me había habituado al ruido de la cuidad, a la rapidez de las cosas y a las luces. Era todo tan bonito, era todo tan moderno y había tanta entretención que el poco brillo que le encontré alguna vez a Marysville, se vio reducido a un leve resplandor.
Uno de esos pocos días que me quedaban antes de entrar de verdad a la Universidad, se me ocurrió la brillante idea de ir a correr al parque frente de la casa. Siempre había visto gente haciendo ejercicio y me llamaba la atención, así que des empolvé una tenida deportiva, me puse los audífonos y salí a “correr”. Claro que muy poco me duró la salida, al darme cuenta que mi corazón no estaba acostumbrado a esos trotes y que corría mucho más lento que una tortuga. Me era muy vergonzoso cuando a mi lado pasaban parejas de ancianos totalmente relajados corriendo y yo a su lado jadeaba como estúpida. Lo peor de mi experiencia atlética fue que no me fijé que el cielo estaba horriblemente feo y que habían anunciado en televisión una tremenda tormenta, que me pillo en plena calle y sin la ropa adecuada. Al caminar por las Calles jadeante de cansancio (y solo haber corrido medio kilómetro o menos), parecía un pollo, completamente mojada y tiritando de frío. Mi orgullo llegó a los suelos de vergüenza y encima me resfrié.
El sábado de la segunda semana que llevaba en Los Ángeles, desperté con escalofríos. Yo, la que estaba acostumbrada a lidiar todo el año con las peores nevadas de EEUU, había sucumbido ante un simple chaparrón.
Me dolía desde el nacimiento del cabello, hasta la punta de los pies y sentía el cuello muy pesado, sin contar el catarro, la tos y los vómitos.
-¿Quieres que me quede hoy? Te ves realmente enferma…- dijo mi padre entrando a mi habitación con un té para mi en una mano y en la otra una bolsa de agua caliente.
-Estoy bien…- logré balbucear sin que se notara el castañeo de mis dientes.- es solo un resfrío, he sobrevivido a cosas peores.- Y valla que era cierto. ¿A quién más que a mi le daba Mononucleósis a los siete años?
- Bueno eso es cierto…
-Anda, estoy bien – repetí y era la más grande de las mentiras. Estaba tirada de boca en mi cama y apenas podía moverme, en realidad la palabra adecuada es “Vegetaba”
-Me da cosa Emilie ¿Y si te pasa algo? Tu madre es capaz…
-Si lo sé pero no te quedes.
Suspiro y entonces dijo: - Bueno, como tú quieras, pero no dudes en llamarme por cualquier cosa ¿Entendido? La oficina esta a solo tres estaciones de metro de aquí, así que podría llegar a tiempo por cualquier emergencia…
-Bueno.
-Cúidate ¿si? Te quiero – y me dio un beso en la frente.
-Yo a ti.-
-Adiós.
Y cerró la puerta de mi dormitorio y me retumbó en la cabeza ese ruido. Cuando le sentí cerrar a puerta de calle, me sumí en un estado de semiinconsciencia. Estaba realmente grogui y la cabeza me daba muchas vueltas. Presentí que iba a vomitar.
No sé cuanto tiempo habrá pasado, pero de pronto, sonó mi celular y me apresuré a contestar, temiendo que fuera papá y si no contestaba creyera que me había muerto.
-¿Diga? – dije con voz gangosa
-¿Emilie? – Una voz dulce y familiar dijo mi nombre.
-¡OH! ¡Cielos! ¡Robert! – elevé un poco el tono de voz, pero no me alcanzaron las fuerzas para levantarme.
-¡Como me alegro de escucharte! Me he sentido fatal dejándote tan abandonada…- sonaba compungido.- ¿Cómo está la nueva habitante de la gran ciudad? ¿Lista para salir de paseo conmigo? – supe que sonreía, le conocía bien la voz.
-¿Ah? Mmm… creo que no ¿Tú ya has llegado? Me alegro- me sorbí la nariz y sonó feo.- Rayos, lo siento, es que estoy un poco enferma… - y se me debilitó la voz en la última frase, lo que desató en Robert un ataque de pánico.
-¿Emilie? ¿Estás bien? ¿Qué tienes? - se puso un poco nervioso.
-Estoy bien… estoy bien cagada.- me reí, pero la mezcla de la tos con la risa, más lo desestabilizó.
-¿Emilie estas en la casa de tu padre? – preguntó intrigado.
-Sipi.- respondí. Y entonces, pasaron muchos segundos en que nadie dijo nada, juro hasta haberme perdido un poco.
-No te muevas, voy para allá.- al final dijo totalmente decidido.
-¡OH! Claro, como si supieras donde estoy.- me burlé de él, pero dentro de mis dolores y mi desequilibrio mental, me gustó como sonó su voz. Totalmente protectora.
-Si lo sé, por eso te lo digo, estoy a tres cuadras, golpearé para que me abras la puerta.
- Claro, el día en que los cerdos vuelen… sueña Robert.
-Lo vas a hacer… te lo aseguro
-¿Cómo puedes asegurármelo si no eres yo? – le reté, me estaba portando bastante taimada.
-Por que… los vas a hacer si quieres verme tanto como quiero verte yo a ti.- Lo dijo casi en un susurró, pero lo bastante alto como para que yo le entendiera. Y entonces, sin darme tiempo de contestarle algo, colgó.
No esta muy segura si lo había soñado o Robert de verdad me había llamado, pero de todos modos me recordó lo mucho que lo había extrañado estas últimas dos semanas. Habían sido entretenidas, pero me hacían falta sus mensajes de texto tan originales o sus palabras bromistas siempre en mi contraposición. Seguí tendida en la cama, más muerta que viva.
A los cinco minutos de haber cortado el teléfono, sentí el timbre tocar… Y no lo pensé dos veces y me lancé corriendo por el departamento, a pesar de mi tremendo malestar, a abrir la puerta con muchas más ganas de saber si es que era él real en carne y hueso o era otra alucinación más. Ni si quiera me importó el hecho de estar totalmente horrenda y en pijama, la necesidad de ver a mi amigo después de tanto tiempo era mucho mayor.
Abrí… Se veía tan guapo como siempre...Vestía una camiseta de piqué manga corta y de color azul marino, jeans y sus tan hermosos lentes de sol. Me miraba como ensimismado, como debatiéndose entre cruzar la puerta y abrazarme, decirme algo o tal vez darse media vuelta e irse. Claro que yo no tenía tiempo para sus indecisiones, le miré, comenzó a picarme la nariz y enseguida corrí a tumbarme en el sillón más próximo y a taparme con una manta hasta la cabeza, por que al abrir la puerta una tremenda ráfaga de viento había entrado, dejándome helada hasta los huesos. Obviamente le dejé la puerta abierta.
-¡WOW! Valla recibimiento…- le escuché decir alegremente y entrar.
-Si…- suspiré entrecortadamente.- que… gusto… ver… ver… verte,- me castañeaban los dientes muy fuertes.
-¿Emilie? – Me gustó como sonó mi nombre de su boca y con tono de preocupación.- ¿Estas muy mal cierto? – Cerró la puerta y camino hasta el sillón, agachándose hasta poner su cara a la altura de la mía y poniéndome una mano en la frente.- ¡Santo cielo! Estas hirviendo…No sabía cuanto te afectaba verme – Sonrisa pícara y más risas de su parte.
-Jajaja…Sueña… no es por ti… es por este estúpido resfriado que me ha encontrado con las defensas un poco bajas, nada que no pueda solucionar sola.- me estremecí.
-¿Segura? No tienes buena pinta…- me miró con ojo crítico un segundo y luego, sin que se me hubiese ocurrido nunca su respuesta, dijo- ¿Dónde están tus zapatos? - Yo ya no le miraba, estaba con los ojos cerrados por que la luz me afectaba.
-Robert… si no te has fijado, me estoy muriendo de enfermedad, así que no creo que pueda salir a ningún lado… es más.- intenté ponerme derecha, a lo que él tuvo que ayudarme por que me mareé- Creo que mejor me voy a acostar…
-No, quédate aquí… sólo dime donde están tus zapatos, te prometo que te cuidaré…- caminó hasta lo que supuso era mi habitación y volvió con un par de zapatillas. Me destapó un poco y me tomó una pierna en alto, poniéndome un zapato.
-¡HEY! ¿Pero que haces? No voy a salir, no, no, no quiero, déjame…-Me enoje e intenté escaparme pero él era mucho más fuerte que yo, que a esas alturas estaba ya bastante ida con la fiebre. Entonces, acto seguido, me tomó en sus brazos y me tapó con la mantilla.
-¡UF! Realmente estas mal…- parecía preocupado al sentir como mi temperatura corporal le quemaba- Tranquila mi cielo, todo estará bien, te lo prometo…- me susurró al oído mientras yo regañaba como una niña pequeña. –No quiero que te pase nada… así que mejor será que consigamos un hospital ¿Si? – me besó la frente.
-¿Hospital? ¿Médicos? ¿Enfermeras? No, no, no, déjame aquí, yo quiero quedarme aquí.- escondí la cabeza en su hombro. – Papá se va a asustar cuando llegue y no me encuentre y entonces te va a acusas de secuestro…- me quejé. A ratos recuperaba la conciencia.
-Lo que técnicamente es cierto… - parecía triste.
-¡Oye! ¡Yo ya soy una adulta! – hice puchero y con eso eché abajo mi afirmación.
-No hasta que cumplas 21 por lo que todavía eres una nenita.- me sonrió tiernamente.
Llegamos al ascensor y marcó el número del primer piso.
-Mentira…- y me fui desvaneciendo un poco en sus brazos. Cualquiera pensaría que era una situación romántica, pero cuando tienes mucha fiebre, estás colorada como un rabanito y en pijama de oso polar, nada pude ser romántico.
-No hables pequeñita…- se burló de mi pero en tono juguetón.- pronto te verá un medico y luego de eso permitiré que me des tus argumentos…- le brillaron los ojos.- por mientras guarda tus energías ¿vale? – me besó la frente otra vez. No entendía como me había podido cargar todo ese rato en brazos sin ni si quiera parecer esforzarse algo… y yo que le había mirado como un debilucho… Claro que después de haberle visto sin camisa, no tenía por que dudar de su fuerza. Los músculos de sus brazos, al igual que los de su pecho se veían muy fuertes y bien cincelados. Yo solo le pude responder con un movimiento de cabeza.
-¡Señor mío! – dijo el portero cuando vio a Robert cargándome a mí, una chica en pijama y cubierta solo por una manta. - ¿Necesita ayuda? ¿Ella es la hija del señor Montgomery?
- Si, es ella. Por favor infórmele cuando llegue, si es que no hemos vuelto, que estamos en el hospital Y por favor dígale que no se preocupe que yo la cuidaré bien.
-Entendido Señor Pattinson, ¿Necesita ayuda para llegar a su coche?
- Un poco ¿Cree poder cargarla hasta abajo? Necesito sacar mis llaves
-Si. – y entonces sentí como el otro hombre intentó en brazos.
-¡Robert! ¡Robert! ¡No, No, No! – sollocé fuerte cuando sentí que trataba de pasarme a los brazos del recepcionista. - ¡No me dejes sola, no quiero irme con él! – lloré más fuerte, ahora si que estaba completamente loca. Robert rió por lo bajo al ver mi afán en quedarme con él y la fuerza con que me aferraba de su cuello, pero la luz no llegó a sus ojos.
-¡Tranquila! ¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí! – y me volvió a tomar fuerte y me rozó una mejilla con un dedo, en forma de caricia. – No te dejaré si eso es lo que quieres…- sonó tan dulce…pero también apenado.
-Sólo no te vallas…-dije débilmente y me restregué contra su hombro, como si fuera un gatito pequeño.
Llegamos abajo y no tengo idea como encontró las llaves y abrió la puerta del copiloto de su automóvil, le pido al recepcionista que reclinara el asiento lo más que pudiera hasta atrás, y luego me depositó suavemente, cubriéndome otra ves con la manta. Luego rodeó el coche y partimos.
Cada cierto tiempo, él me miraba de reojo y comprobaba mi temperatura con su mano en mi frente de ves en cuando.
Ni idea cuando tiempo pasó entre el departamento de mi padre y el hospital, lo que si recuerdo es cuando me tomó de nuevo en sus brazos por que me sentí tremendamente protegida. Tampoco sentí cuando entramos en el hospital o cuando llegamos a la parte de urgencias, solo recuerdo haber estado concentrada en sentir el olor de Robert… era estupendo, una mezcla de lluvia, bosque y miel, tan dulce como él.
-Buenas tardes – nos recibió una voz femenina - ¿Necesita ayuda? ¿Quiere una silla de ruedas? – parecía urgida.
- Buenas tardes… esto… mi… mi hermana está un poco enferma, tiene fiebre y creo que puede ser alta… - Abrí un ojo y arrugue la frente cuando dijo “Hermana” Pero después cuando lo pensé bien me di cuenta que estaba bien lo que había hecho ¿Se imagina la batahola que se hubiese armado si hubiese dicho amiga? ¿Robert Pattinson en un hospital con una Amiga? Él parecía preocupado, pero yo, después de tanto ajetreo había recuperado un poco el sentido, la orientación y la cabeza... o bueno, eso creía.
-Pase por aquí por favor… el médico viene enseguida.- y me llevaron a una salita que se parecía mucho a la antigua enfermería de mi escuela, salvo por que ésta tenia una ventana enorme y que daba a un campo a las afueras de la ciudad. No sabía donde quedaba.
-¿Puede ponerla en la camilla por favor?
-Si.- me miró asustado temiendo que armara otro escándalo, pero como ya estaba lucida, no me resistí y él de dio cuenta que estaba ya cuerda.
-Muy bien. Por favor necesito sus datos. ¿Nombre de la paciente? – me estremecí, por que se suponía que si éramos hermanos él debía saber por lo menos mi segundo nombre... o en este caso, el primero.
- Mary Emilie Montgomery B.
-¿Edad?
-18 años y tres cuartos.
- ¿Alguna Alergia específica?
-No le de antibióticos que contengan de componente “Sulfa” por favor. – eso ya era el colmo ¿Cómo diablos Robert sabía tanto sobre mí? Creía que debíamos tener una conversación a solas, pero lo dejé pasar por el momento, se había portado como todo un príncipe llevándome al hospital y preocupándose de mí.
- ¿Y su nombre?
- Robert Montgomery – mintió, pero como era un actor profesional literalmente hablando, la enfermera le creyó.
-Y es su hermano.
-Así es.
-¿Usted es mayor de edad?
-Si.
-OK, por favor esperen aquí mientras viene el médico, intente tomarle la temperatura axilar a su hermana, yo vuelo enseguida – y le entregó un termómetro y se marchó, dejando a Robert con un termómetro de vidrio en la mano y con cara de confusión. Entonces se giró hacia mí y yo me hice la dormida, estaba muy avergonzada por todo lo ocurrido como para darle la cara, además todavía estaba un poco grogui.
-¿Debo…? – me preguntó durativo pero yo no respondí. Entonces suspiró y se acercó despacio. Se puso al lado de mi cama y comenzó, con manos temblorosas, a bajarme un poco el pijama por el lado del hombro izquierdo.
-¡Para! – Me levanté de un salto.- Yo puedo hacerlo… no te preocupes.- me puse colorada a grado máximo.
-¡UHF! – Suspiró aliviado.- por un segundo creí…- enrojeció, pero después se percato que estaba un poco mejor. - ¡Emilie! ¿Estas mejor?
-Mmm… solo un poco… date vuelta – le dije mientras sacaba un brazo por el pijama y me ponía el termómetro bajo el brazo.
- No sabes lo mucho que me alegro… estabas tan mal cuando te encontré, que temí que fueras a inflamarte en cualquier momento- rió hablándome de espaldas.
-Gracias… ahora si.- se giró y caminó a darme un abrazo.-
-Pero todavía no te baja mucho la fiebre – regaño.- mejor recuéstate, debes descansar y no hablar hasta que te vea el médico… después tendremos mucho… - se cortó.- para conversar.
-Pero…
-Ah ah ha… shhh…- me silenció tapándome la boca con una mano.
Pero a pesar de todo lo hice caso, por que todavía me sentía un poco débil. Él se quedó todo el rato acompañándome en silencio sentadito a un lado de la cabecera de mi camilla y me tomó una mano para darme fuerzas.
A los casi 10 minutos llegó la enfermera con el médico y me sacaron el termómetro.
-¡Santo Cielo! ¡Pero si esta chica tiene casi 40! ¡Desabríguenla! ¡Necesitamos bajarle la temperatura de inmediato antes que hacer nada! – gritó el médico. Yo no me había dado mucha cuenta que estaba tan mal… claro, como a ratos perdía la conciencia…
Entonces, el médico le dijo a Robert.
-Por favor ayude a su ¿Hermana? – Miró la ficha de los datos – Si, a quitarse la camiseta.
Pobrecito de Robert, abrió los ojos como plato y no supo que hacer.
- ¡Bueno hombre! ¿Es su hermana o no? ¿No le incomodará verla desnuda o si? – el médico puso cara de sospecha, a lo que Robert no tuvo más remedio que ayudarme a sacarme la camiseta de pijama, dejándome solo en sujetador. Gracias al cielo me había puesto uno blanco y muy bonito… Lo siento, es vanidad. Me miró horrorizado, y yo solo pude asentir con la cabeza y poniendo cara de dolor, dándole permiso a que desabotonara mi camiseta. ¿Qué más podía hacer si ellos dudaban? Quise matar a la enfermera Si no era para ayudar a cosas así ¿Para qué diablos servía? Él suspiro y me ayudó tratando de no mirar y lo bastante nervioso como para que se le trabaran un poco los dedos. Yo estaba torpe a causa de la fiebre, por lo que no me dejaron hacerlo. Sólo pude mirar por la ventana, dejando que el rubor subiera por mi cara y desviando la mirada de la de Robert para que éste no se sintiera más presionado. Cuando terminó, suspiró aliviado.
-Enfermera, dos gramos de Dipiróna inyectable por favor.
-¡NO! – Grité con voz ronca a causa del catarro.- ¡Inyecciones no por favor! – pedí un poco histérica. Nunca en mi vida me habían puesto una inyección sin que mi madre me sujetara la mano, así que este no era el mejor momento para ponerme en evidencia.
-Tranquila mi niña, esto no te va a doler.- la enfermera sonrió maléficamente mientras preparaba la inyección. Sollocé y me encogí en la camilla en posición fetal, estaba muriendo de frío pero nadie podía cubrirme y notaba las mejillas muy calientes a causa de las lágrimas, por que al solo ver la aguja me había puesto a llorar. Robert tenía razón, yo era una cobarde.
De pronto, sentí una mano tibia que se aferraba a la mía. Robert se acercó y se inclinó sobre mí.
-Tranquila nenita…- su voz era muy arrulladora.- Estoy aquí, no temas, no te dejaré sola...- Siempre decía lo mismo, tal vez por que se cortaba, pero a mi me parecían las palabras más lindas del mundo. Estaba en la luna. Luego, vio mi cara de horror al pensar lo que estaba pensando y él rió.- Me voltearé, lo juro. – y me relajé, quise llorar más por lo tan buena persona que era él, sin duda alguna un ángel…
-Por favor Emilie, Voltéate y rebaja un poco tus pantalones.- La miré feo, pero hice lo que me pedía. Robert en ese mismo segundo se volteó hacia la pared.
-Ahora relájate y respira por la nariz y bota por la boca… así… te prometo no te va a doler. – cerré los ojos y apreté la mano de Robert.
-Uno, dos y…
-¿Desde hace cuantos días estas así? Sigue respirando hondo. – el medico me estaba examinado con ese aparatito para escuchar los pulmones y el corazón.
-Dos, es que me pillo el aguacero de hace unos días en la calle.
- Mmm… bien… no escucho ruidos extraños por lo que puedo decir que es un simple resfriado. Todavía tienes un poco de fiebre por lo que deberás quedarte un rato más. Te recetaré algunos analgésicos y toma mucho líquido. ¡Ha! Y no puedes levantarte dentro de una semana. – me sonrió, pero yo todavía tenia los ojos hinchados por el llanto de la inyección. Para el deleite de Robert, me había puesto a chillar apenas había contado hasta tres la enfermera, y no había parado hasta que me habían dado un vaso de agua. Alharaca.
-Bueno…- dije sorbiéndome la nariz todavía con voz llorosa.
-Espero que esté bien señorita Montgomery y agradézcale mucho a su hermano, que si no la hubiese traído a tiempo, pudo haber muerto de fiebre – dijo lo último en voz grave, por lo que le creí. Valla, le debía mi vida a Robert.
Él estaba afirmado en la puerta, mirándome con cara de diversión. Ya se la había pasado el bochorno de verme en paños menores. Cuando salió el médico, se acercó a mí.
-Te ves muy guapa – se rió de mí en mi cara y me secó las lágrimas con las dos manos.- Me alegro que estés bien.
-Gracias por todo…- dije con tono sensible, todavía lloriqueaba.
-No te preocupes, con esto estamos a mano- y me señaló. Tal fue mi impresión por lo que me había dicho, refiriéndose directamente a mi estado a chica medio desnuda.
-¡No! ¡No me mal interpretes! – Rió – me refiero que por lo menos pasó el bochorno de que me vieras a mi realmente medio desnudo – volvió a reír.- ahora estamos a mano, pero créeme que tu te ves mejor que yo – se encogió de hombros y yo automáticamente me tapé con mi mantilla. Le fulminé con la mirada, había recobrado mi sentido del humor.
-¿Si? – Dije un poco molesta – Y tú recuerda que son cinco años y un día.- y me giré consternada a su alusión a mi medio desnudes.
-Jajaja, claro, verdad que solo eres una nenita…
-¡Te dije que no lo soy!
-Nunca había visto a nadie gritar de ese modo con una simple inyección…- menudo traposo, ahora me molestaría hasta el infinito con eso.
-¡Oye! Tú no tuviste Mononucleosis ni te pasaste tres meses entre tu casa y un hospital. –respondí herida. En parte era cierto y en parte era hacerse la víctima.
-¡OPS! Lo siento, yo no creí que eso…- puso cara de disculpas, pero no alcanzó a decir lo siguiente por que alguien dijo: Permiso y luego entró. - ¿Emilie? – preguntó un poco nervioso- ¿Podemos Hablar de algo importan…?
-Ajam…- dijo mi padre.- ¿Interrumpo algo? – luego puso cara de diversión. (1313)
-¡Papá! –Le regañé disgustada.- ¡No estábamos haciendo nada! – más vergüenzas para mi desgracia ¿Se imagina la cara que pone un padre cuando encuentra a su hija a medio vestir, sola y con un chico en una pieza? Nunca pensé que eso me fuera a pasar a mi, aun que de verdad estuviéramos en un hospital y que Robert y yo estuviéramos a años luz de llegar a algo como eso.
-Lo sé cariño… ¿Robert? ¿Cómo estas chico? – mi padre le saludó con un abrazo cariñoso.
-¿De modo que ustedes se conocen? – les acusé.
-Robert es de los primeros actores con quienes tuve el placer de trabajar, de hecho ahora será el protagonista de la nueva película que filmará el estudio.- Mi padre y Robert sonreían a la ves, por lo que supuse por qué él sabia tanto sobre mí, claro que no me lo imaginaba con mi padre hablando de cómo era su hija o qué.
- Y cuando nosotros nos conocimos no tenía idea que eras hija de este gran hombre.- le dio una palmada cariñosa en la espalda. Hombres… pensé yo y puse los ojos en blanco, ellos necesitaban pavonearse entre ellos.
-De hecho, Robert es nuestro vecino, así que me alegré mucho cuando supe que ustedes dos eran amigos… esto te servirá para no estar tan sola en casa Emilie.- a Robert le brillaron los ojos de excitación.
-¿Ves que tenía razón cuando te dije que nos veríamos pronto? – Me recordó con una sonrisa despampanante.- Claro que no creí que en estas situación…
-Vamos chicos, mejor nos vamos a casa…- Papá se acercó a mi y me ayudó con el pijama. – ¿Puedes caminar Emilie? – me puso de pié y me tambaleé. Me dolía el muslo izquierdo por la inyección.
-Mmm… no te preocupes, me las arreglaré para llegar abajo como sea…
-¿George? ¿Te molestaría si la llevo en brazos? Esta niña apenas puede moverse y todavía está débil por la fiebre…- se ofreció inocente y dulce a cargarme.
-¡Buena idea chico! Yo no me la hubiera podido…- y papá rió de mi, que le puse cara de te odio.- Es broma princesita… - sonrió y Robert tuvo que inventar un ataque de tos para aguantar la risa.
-¿Cuántas veces te he dicho que no me llames así? Siempre me avergüenzas con el resto
- Pero es que siempre serás la princesita de papá…- ahora él y Robert rieron juntos. Puse los ojos en blanco.
Robert nos acompañó hasta casa ese día, pero iba particularmente callado, extraño, no era el Robert que conocía y supuse que tenía algún problema.. Me sentaron atrás, así que no tuvimos tiempo para conversar y mucho menos lo queríamos con mi padre al medio.
Papá invitó a Robert a comer con nosotros esa noche, pero se excusó, mirándome extrañamente de reojo, diciendo que tenía otro compromiso. Fue la última vez que le vi.
***
El tiempo pasó de prisa y en abrir y cerrar de ojos estaba sumergida en todo el ajetreo de mi primer semestre de Universidad y sin haber podido cruzar palabras con Robert durante mucho tiempo, solo escuetos mensajes de texto que cada día decían menos.
Me sentía cada día más frustrada por yo estaba segura que entre nosotros había más que una linda amistad. Vale, sé que es arrogante de mi parte creer que el hombre más hermoso del mundo se pudiera fijar en mí y bla bla bla y también tenia claro que nunca lo trataba muy bien, pero eso era parte del juego y de mi inmadurez. Tal vez mi padre y él tenían razón, tal ves yo solo era una nenita. Se había ido cuando terminaron sus vacaciones y sin siquiera despedirse.
Un día, en uno de esos fines de semana en los que me quedaba sola por que papá tenía una reunión qué se yo donde, llovía amares por que una tormenta tropical se acercaba, habían cortado el suministro de energía eléctrica para evitar incendios por fallas de cables y todo estaba en silencio, hasta que de pronto alguien tocó mi puerta.
Miré por el ojo mágico de la puerta pero no vi a nadie… Volví a lo que estaba haciendo, volví a meterme en la lectura de el segundo volumen de Crónicas Vampíricas (Reconozco haberme obsesionado un poco con los vampiros después de leer la saga de Stephenie Meyer) y de pronto volvió a sonar. Esta vez corrí a ver quien me estaba haciendo esas bromas y para gritarle que no eran divertidas pero cuando salí encolerizada al pasillo, alguien me atrapó, tapándome los ojos con una mano y respirando muy cerca de mi cuello. Jadeé de miedo, y entonces mil cosas se me pasaron por la cabeza. Hacía pocas semanas a una vecina de edificio dos hombres la habían asaltado de esa misma manera en la puerta de su casa y ella no había terminado bien. Intenté concentrarme, pensando en los movimientos de autodefensa que me habían enseñado en la escuela desde que tenía conciencia pero era incapaz de moverme, puesto que estaba presa entre unos brazos muy fuertes. Los bellos de mi nuca se me pararon y entonces comencé a sudar frío de puro terror. Pensé en pisarle el pie con el tacón de mi zapato, para luego darme cuenta que estaba con zapatillas. De pronto, ese alguien se hecho a reír en mi oído y dijo:
-¡Bu! – con una voz tremendamente seductora y alegre. Me soltó, me giró y me quedó mirando con cara de ángel. Pero mi mente reaccionó tarde, más tarde de lo que mi rodilla. Le había dado a Robert Pattinson un “golpe bajo”
-¡EM!- mi nombre se le quedó atajado en la garganta y abrió los ojos muy grandes para luego cerrarlos de golpe y caer al suelo retorciéndose de dolor y cubriendo sus partes nobles como podía, poniéndose en posición fetal. Para Variar yo la había cagado.
-¡TÚ! – Le acusé con voz aguda por la adrenalina que todavía recorría mis venas - ¿Qué diablos haces aquí? – No sabía que hacer, si echarme a reír de haberlo golpeado o ponerme a llorar por creer que le había hecho daño. Al final elegí acercarme a él.
- ¡Robert! – él jadeaba y lloraba de risa (¿o dolor?) a la vez. Me puse verde de verle en el suelo retorciéndose y más por haberlo hecho yo. Me arrodillé a su lado, estaba tapándose la cara con las manos. – Yo… ¿Robert? ¿Estas bien? – pregunté angustiada, acercándome e intentando con dulcemente de arreglarla. Le tomé las manos e intenté despegarlas de su cara. No abrió los ojos pero se irguió hasta quedar apoyado en sus codos y de pronto explotó en un mar de risas.
-¡Jajajajajaj! ¡Jajajajajja! ¡Jajajajaja! – mi corazón, que había estado completamente apretado, se relajó y se me salio un suspiro de alivio, al parecer estaba bien. - ¡No lo puedo creer! ¡Me has golpeado! Me has dado un golpe en…
-¡Calla! - se me había ido la preocupación y me había puesto furiosa por su broma y por que se reía de que yo le hubiera dado. - ¡¿Cómo se te ocurre hacerme una broma como esa?! – Me puse histérica -¡¿Crees que es fácil irte sin despedirte y volver haciendo bromas como si nada?! ¡Si es así te equivocas de mujer! A… Amiga quiero decir.- Él ya no reía, había notado el tono hostil de mis palabras. Se incorporó de un salto y se puso cerio aún que de igual modo noté que seguía moviéndose raro.
-Emilie yo… yo lo siento… no pude… me fue difícil… el trabajo… el tiempo…- masculló un poco nervioso, pasándose la mano con el cabello desordenado como cada ves que se veía en un aprieto.
Cerré los ojos e intenté concentrarme, mi genio era tan volátil, y me arrepentí de haberle dicho lo que le había dicho, al fin y al cabo nosotros no éramos nada y tampoco quería serlo…Respiré profundamente y me recompuse como pude.
-Ahora si…- dije con voz queda.- Pasa… Te traeré algo para el dolor.- y entré a la casa, seguida de un Robert que me miraba con cara de ¿Estas loca?
Corrí al botiquín del baño y saqué un par de tabletas para dolores musculares, llené un vaso de agua en la cocina y salí a atenderle.
-Asiento.- dije un poco brusca, todavía no me recuperaba del todo, pero estaba mejor.
-Gracias…- dijo refiriéndose al asiento y a las pastillas. Y mientras se sentaba, me dediqué a mirarle con atención por primera vez. Estaba pálido, pero quise atribuirlo al bochorno del golpe, vestía unos pantalones negros, zapatillas deportivas del mismo color y un polerón con capucha, todo acompañado de sus infaltables anteojos que ahora reposaban en su mano. Se veía muy guapo, tanto así que se me desbocó el corazón pero esta ves no por el susto. – Maldito…- dije por lo bajo, no sé si refiriéndome a Robert o a mi corazón. Caminé unos pasos y me afirmé en el marco de la ventana.
- ¿y? – Alguien tenía que romper el hielo. - ¿Qué? -
-Y…- repitió lentamente, jugando con sus propios dedos, nervioso.- Y debo decir que te debo una disculpan Emilie.- agachó la cabeza. – Yo no debí haber desaparecido de esa manera, no fue correcto considerando lo buena que has sido todo este tiempo conmigo… Sólo… lo lamento.- parecía sincero.
-¿Cuánto te costaba caminar dos pasos y golpear la puerta? ¿Cuánto te costaba decirme ¡hey! ¡Me voy! ¡No seremos más amigos!? Pero claro, ella no es importante, que se preocupe por mi como quiera, me da lo mismo…- intenté imitarle. – Tres mensajes de texto, casi cinco meses y tres sencillos mensajes… Mejor lo hubieras dicho del principio y te ahorrarías tanta complicación. ¡Además! ¿Quién quiere ser tu amiga? – había vuelto a enojarme, pero piensen, independiente que el chico me gustara un poco (bastante) ¿Qué pensarían ustedes si uno de sus mejores amigos se va de la ciudad sin molestarse en avisar, sin volver a hablarte y se hace el indiferente? ¿Quién no lo mandaría a freír cangrejos a África?
-No digas eso… no fue así como quise que pasaran las cosas
-¿Cómo es eso de “Quise”? – Respondí brusca- ¿Ves que tengo razón?
-¿Se te ha ocurrido preguntarme como estoy? ¿Por qué me fui? – Arrugó el entrecejo. ¡Diablos! Él tenía razón. En los casi 20 minutos en lo que estábamos hablando, me había preocupado solo de culparlo y achacarle haberse ido sin despedirse, pero ¿Me había preocupado de saber como estaba él? Me sentí siendo la mujer más egoísta del mundo y mi mascara de dureza se quebró.
-Robert yo…
-Estoy bien, gracias por preguntar.- me reprochó - ¿Quieres saber el resto de la historia?
No contesté, me dio miedo escuchar lo que me podía decir.
- ¿Hace cuanto tiempo nos conocemos Emilie? – empezó con una pregunta.
-Yo… no lo sé, seis mese creo.
-Mmm… sí.
-Mmm….
No contestó, solo parecía meditar algo… y después de mil cosas, reconocí esa mirada que era la misma que había visto el día que me había llevado al hospital. Ese día estaba convencida que pasaba algo, algo le atormentaba y él me había querido decir, pero mi enfermedad y mi padre no se lo habían permitido.
-¿Recuerdas el día que te encontré aquí enferma? – sonrió tristemente. Solo asentí con la cabeza. - Bien… ese día quería hablarte de algo… importante.- Bingo, yo le había achuntado.- Todo este tiempo que he pasado contigo… ha sido el mejor que he tenido en mucho tiempo… Era cierto lo que te dije cuando te conté que desde que Salí de Londres que no tengo muchos amigos y me cuesta confiar en la gente… y en esta locura mi mundo se ha vuelto extraño…- al parecer se estaba desahogando de muchas cosas, creo que se refería a su fama- Esto ha hecho que la gente que más quiero tenga que alejarse para poder vivir en paz… y he tenido que dejarlos ir sin reproches, por que es mi culpa…- parecía tan pequeño e indefenso.- Cuando me volví ¿Famoso? Muchas cosas cambiaron, tuve que dejar de hacer muchas cosas de las que me gustaban… Tuve que esconder mis gustos, refugiarme en los lugares más increíbles e incluso volverme introvertido… ¿Qué más privacidad que la de mi mente me quedaba? Sólo Soy un hombre con una vida de cristal… todo lo que tengo es tan público que me da miedo… Emilie, tú, tus risas, tus actitudes tercas, infantiles, tu franqueza, tu fidelidad conmigo me llenaron a un punto indescriptible… Al punto de sentirme vivo… hace tanto tiempo no me sentía así de querido, de cuidado… Que me asusté de lo mucho que me atraías y reconozco que quise pasar contigo todo el poco tiempo que tengo y que me dan ganas de abrazarte y decirte mil cosas cada ves que te veo, y entonces me volví loco el día que descubrí que te quería como no había querido en mucho tiempo… - me miró con ojos tiernos… ¿en que momento esto se había transformado en una declaración de amor? Yo temblaba de arriba abajo – E ideé mil formas de decírtelo, te imaginé conmigo caminando de la mano, en algún bar solo cantando canciones que nos gustan o tal ves solo reposando junto a ti…- le brillaron los ojos cuando dijo eso y con cada una de esas cosas que lanzaba, mi cabeza de llenaba de imágenes.- ¿Pero todavía no ves el problema? – negué con la cabeza, demasiado enredada como para mirarle. Estaba hecha un lío ¿Cuántas veces había soñado eso? Pero no de esa manera… tan triste. – Linda…- dijo sonriendo. - ¿No te preguntas por qué tardé mucho en decirlo? – volví a negar.
-Te he hablado de la vida pública, del sentimiento de soledad constante, de la tristeza y de la no vida… ¿Todavía no te haces idea? Ese es el problema… la maldita sobre exposición… Emilie, te quiero tanto… que no quiero que pases por esto. Me fui para protegerte de mí. No quiero arruinarte la vida… ¿Cómo podría querer algo así para la criatura más hermosa y dulce que he conocido?-
Yo ya me fechaba a llorar, me escocía más que nunca la nariz. Nunca me había imaginado que Robert, el hombre y no el actor, podía sentir algo por Mí. Lo conocía, nos habíamos hecho tan buenos amigos… y el siempre jugaba, los coqueteos eran algo común entre nosotros… pero nunca lo pesé en realidad… Él siempre repetía lo pequeña que era, que era infantil, que para él era apenas una nenita… Mi corazón palpitaba a mil e incluso dudé que no pudiera escucharlo.
-Entonces decidí cortar el problema de raíz. Emilie, estoy seguro que si hubiese vuelto, si hubiese vivido un segundo mas a dos pasos de tu casa algo habría hecho para conquistarte, por que no podía concebir vivir a tu lado sin poder tocarte…- se sonrojó.- Y créeme que no sabes lo efectivas que son mis técnicas – rió amargamente. – Por eso me fui, por querer cuidarte de esta mierda en la que estoy envuelto.
- No… no debiste… yo… yo sé cuidarme sola- qué cosa más estúpida dije.
- Sé que puedes cuidarte, pero ¿Cómo no querer proteger a la mujer que se ama?- Y ahí me quebré. Primera ves que me hablaba como su fuera una adulta. Me caí al suelo, me senté y me tapé la cara con las manos para que no me viera llorar. Se acercó despacio, no lo vi pero lo sentí a mi lado… dudando si abrazarme o no. Él había dicho que me amaba.
-¡Pero tú! ¡No tenías por que haberte ido! ¿No ves que me dolió? – Sollocé – Me hubiera dicho…
-Temí que te alejaras…más.
-No lo habría hecho, además ¿No es eso lo que querías?
-No lo quería… Entiéndeme tenía que hacerlo. Además… Emilie, eres una mujer increíble… pero aun así… me siento un anciano a tu lado. Tanta vitalidad, tanta luz, tan hermosa… y yo un chico que no tiene vida… ¡Pf! Estamos muy bien.-regañó enojado y se cruzó de brazos.
- Robert… No me importa que tengas cinco años más que yo… Para mi siempre eres el más entretenido, el más lindo, el más dulce…- veía mi parte.
-¿En cerio crees eso? Fíjate que tengo hasta arrugas – dijo mostrándome las arruguitas que se le formaban alrededor de los ojos.
-Son lindas – dije media llorosa y media divertida.
-Eres tan dulce…gracias.
- Robert… Si tú quieres podemos dejar esto hasta más adelante tal ves… en algún momento en que estés mejor… No te compliques por mi, te quiero… y si eso significa que tengo que ser tu mejor amiga y hasta la madrina de tu boda- de dolió pensarlo casado con otra que no fuera yo jajaja.- el día que se te ocurra casarte lo voy a hacer… no lo dudes… pero por favor… no te vuelvas a ir sin avisar ¿Quieres? – lo dije sincera, de verdad lo creía así. – Por ti haría cualquier cosa… y si la lejanía es lo que quieres… -¡Mierda! Eso iba a doler. –Lo acepto… Pero no te vallas así… así otra ves ¿Si?
-Gracias… Pero no creo que lo quiera de nuevo.- Acto seguido, me abrazó fuertemente por la cintura.- Te extrañé tanto mi cielo… - Y escondió su cabeza en mi pelo. era una situación rara. Me apretó fuerte. “Amigos con derecho y sin derecho de tenerte siempre”
– Yo también a ti chico vampiro – me burlé de él para alivianar el aire que estaba completamente cargado de emociones fuertes.
Estuvimos mucho rato así, y el me acariciaba una mejilla con su mano mientras yo descansaba en su hombro. De pronto Me alejé de él, entonces me miró feo, como protestando y tiró de mi de vuelta a sus brazos. De mala gana me resistí, había estado tan cómoda… pero…
-Robert Detente.- me arreglé el cabello y me limpié la cara con la manga del chaleco.
-¿He hecho algo mal? – preguntó preocupado.
- No quiero que vuelvas a desaparecer así…- me tembló el labio inferior cuando dije eso.- pero sé que a ti te cuesta y sé que quieres protegerme… lo que encuentro una soberana estupidez, pero si puedo hacerte las cosas más fáciles lo voy a hacer… y estoy segura que no es seguro para ninguno de los dos estar tan… juntos… - sonreí avergonzada.- Si ya es malo así, no quiero pensar en qué podría pasar si tú&yo… - Abrió los ojos grandes.
-¿Tu crees que nosotros… bueno…? – se puso nerviosos y entonces vi claramente hacia donde iban sus pensamientos, que notablemente iban en sentido diferente del mío.
-¡No!- me sonrojé visiblemente, al punto de poder sentir el calor que irradiaban mis mejillas.- ¡Yo no quise decir eso!
-¡UHF! Disculpa, es solo que yo… Bueno, admito es un defecto de mi género lo de pensar de ese modo.- rió.
-Se nota.
-Pero… ¿A qué te referías entonces? – estaba segura que sí sabía.
-Lamento decir que me conozco… y los adolescentes somos un poco hormonales y entonces…- me puse más roja aún.- No estoy segura de cómo respondería si nosotros estuviéramos muy cerca…
-Yo menos…- admitió Robert avergonzado.
-Por eso creo que es mejor evitar situaciones peligrosas… A ver como… Quedarnos solos en algún lugar.- Ambos miramos a nuestro alrededor y reímos.- o estar muy cerca…
-Mmm… tienes razón, bastante trabajo me ha costado contener el deseo de besarte hace un segundo…-dijo mientras le brillaban los ojos.- Prometo portarme bien… pero antes necesito que me jures una cosa… - Se acercó a mi, me tomó las manos y las puso sobre su pecho, exactamente sobre su corazón. (Suena cursi pero la diferencia entre cursi y emotivo es vivir en carne propia el momento) – ¿Lo sientes? – Su corazón se parecía al mío- Júrame que me crees, júrame que sabes que te amo… - ¡Dios! ¡Lo había dicho! ¡Había dicho que me amaba! Me comenzó a faltar el aire y presiento haber estado a punto de comenzar a hiperventilar. – Y que sabes que lo hago por tu bien… que no lo hago por miedo al compromiso ni nada… Yo haría lo posible por que estuviéramos juntos… pero es tan complicado… te quiero tanto como para dejarte ir.- y se cerro mi mundo, Ahora si estaba completamente claro, amaba a Robert Pattinson como a nadie en el mundo… Por ser el mejor hombre que había conocido en mi vida. – Lo juro…- y me dio un beso dulce en la comisura de los labios. Un sentimiento nuevo recorrió mi columna, las veces que me habían besado antes en mi vida, nunca había sentido algo tan intenso como esto, pero quise atribuirlo al hecho que, técnicamente no era un beso. Se apartó lentamente de mí y sonrió torcidamente, dejándome plantada con cara de sorpresa y comenzando a enrojecer otra vez. Caminó un par de pasos y se sentó en el sillón, luego dijo:
-¿Comenzamos de nuevo? – Parpadeé un par de veces y meneé la cabeza para distraerme – Emilie ¿Cómo has estado?
Caminé alrededor hasta encontrar una silla para sentarme frente a él, me acomodé y comenzamos a hablar, haciendo como si no hubiese pasado nada.
Robert me contó que había estado de gira promocionando Luna Nueva, la segunda parte de una saga de Películas que iba a hacer. Luego de haberse ido de Los Ángeles había viajado a Londres. Entre risas todavía nerviosas le reclamé por no haberme llevado con él, para luego arrepentirme por lo que había dicho, como siempre. Ahí había terminado sus vacaciones, dos meses después de lo que las había planeado. Dijo fue un tiempo relajado, pero que de igual modo no lo había pasado muy bien por que lo habían perseguido bastante y sobretodo por que me había extrañado y que se sentía el hombre más horrible y cobarde del mundo por haberme dejado sola aquí. Le dije que no debía haberse preocupado. Llegó la noche y nos encontró en medio de una larga conversación. Lo bueno que tenía Robert, era que con él el tiempo volaba y esos casi cinco meses de no vernos se hacían nada en un abrir y cerrar de ojos por que la confianza seguía igual, completamente intacta. A las nueve llovía mucho y la luz todavía no regresaba. No estaba dispuesta a gastar el suministro de emergencia (que tenia reservado para cargar la batería de mi notebook) en cualquier cosa, además me sentía segura con Robert cuidándome así que no tuvimos problema en cocinar a fuego y luego cenar a la luz de las velas que en su tiempo habían adornado el comedor.
Esa noche hicimos espagueti con salsa blanca, que era mi especialidad. Buen rato se estuvo riendo Robert de cómo se me había quedado pegado en el techo un tallarín al intentar averiguar si es que estaba cocido, claro que solo le duró hasta cuando le cayó de lleno en la cabeza, para entonces comenzar a reír yo.
-¡Nooo! ¡Para por favor! ¡Voy a votar los platos! – Me moría. Se había puesto un bould en la cabeza y solo para hacerme reír.
-¿No me veo guapo? Y yo que creía que a las americanas les gustaban los chicos con gorros.- sonrió para luego seguir haciendo caras raras.
-¡Claro! Seguro señor Europeo.
-¿Cómo le gustan los hombres a las Americanas? – insistió luego de un segundo. La curiosidad se le notaba en el rostro.
- ¿AH? Mmm… Pues… no lo sé.- admití.
-¿Yo parezco un chico americano? – dijo modelando para mi por la cocina con el boul todavía en la cabeza.
-Claro… - me reí de él, por que era obvio que la respuesta era no.
-Entonces… ¿Por qué crees que las chicas me miran tanto? Me he comenzado a traumar un poco… - dijo pensativo para luego agregar.- Creo que lo mejor para mi vida sería declararme Homosexual, pero no sé que es peor, que te persigan mil mujeres y no puedas salir a la calle, o que te persigan mil hombres tratando de ligar contigo por que saliste del closet.
-Para mi mejor que te persigan los hombres…- dije poniendo una sonrisa inocente. Que renunciara a ganar no quería decir que no podía seguir jugando.
Alzó una ceja y contesto: -Cuidado… no va a ser cosa que pase de ser tu enamorado a tu mejor amigo… dicen que los Gay son los más confiables como amigos… ¡Podríamos salir de compras e ir a probarnos zapatos! – Se puso un poco “TONTA” - ¡Linda! ¿Qué haremos mañana? – me preguntó fingiendo arreglarse las uñas.
-¡Basta! – Logré decir medio ahogada – No sigas por favor… y toma –dije entregándole su plato.- Ojalá no mueras envenenado por mi mano…
-Hum… Huelen ricos y ¿Sabes? Me muero de hambre. – no estuve muy segura de qué “Hambre” estaba hablando por la forma en que sus ojos tomaron ese mismo brillo extraño que siempre tomaban cuando hablaba de cosas complicadas. No quise pensar demasiado en todo caso, estaba muy concentrada en mi tarea de hacerle las cosas más fáciles, aún que en el fondo sabía que le estaba jugando chueco. No pensaba darle tiempo para que se olvidara de mí, por que era muy egoísta como para alejarlo para siempre de mi vida. Ahora que lo había encontrado y que le quería, no lo soltaría nunca más. Tampoco soy tan tonta como para hacerlo y supuse que en el fondo era también lo que él quería.
-Yo también… - contesté.
Nos sentamos a la mesa y seguimos conversando como siempre.
A las doce y media decidió que era tarde y que me quería dejar dormir.
Lo acompañé hasta la puerta.
-Ha sido estupendo volver a verte… no sabes lo mucho que te extrañaba – dije mientras nos abrazábamos de despedida.
-Yo también a ti Emilie… Sabes que estaré aquí todo el tiempo que pueda… - me devolvió el abrazo fuertemente. – Nos vemos mañana… y pasado y pasado también. – me cerró un ojo.
-Duerme bien Robert.
-Duerme bien también princesa. – Me acarició la mejilla con su mano y luego esperó que yo cerrara mi puerta para él cerrar la suya.
Cuando cerré mi puerta, me senté con la espalda poyada en la puerta, sintiéndome desfallecer de amor. Era increíble todo lo que había pasado esa tarde y el recuerdo de su casi beso hizo que se me volviera alocada la respiración. Estaba tan contenta que él no se hubiera olvidado de mi… y aún que el quisiera que me alejara “Por mi propio bien”, yo pretendía hacer exactamente lo contrario, aun que tenía que hacerle creer que era al revés. Me fui a acostar con mil maripositas revoloteando en mi estómago y en mi mente, tanto así que olvidé que afuera se había formado un tornado y que tenía que poner las protecciones metálicas en las ventanas.
Dormí intranquila, a pesar de estar lo más feliz que había estado en mucho tiempo. Como que en mi sueño sabía que algo importante se me había olvidado o que algo malo podía suceder. No tardó mucho tiempo en hacerse realidad mi pesadilla.
Desperté con el estridente estallido de la ventana, bañada en un mar de vidrios diminutos y un ventoral horrible.
-¡AH! – grité agudamente resguardando la cabeza de las ráfagas de viento que hacía girar las astillas de vidrio por toda la habitación. No tardé más de dos segundos en comprender lo que había pasado. Algo había golpeado en la ventana haciéndola añicos.
Tirité de frío y de susto, no me podía reponer de la impresión. Un relámpago iluminó entera la habitación y comprendí que ya no había cristal en mi ventana.
Como pude me paré, llorando, asustada y corrí por toda la casa bajando las protecciones. Papá me mataría cuando viera el desastre. Se me doblaron las piernas cuando regresé a mi habitación, intenté trasladar la mayor cantidad de cosas posibles a fin de cerrar la puerta e intentar mantener bajo control la situación. Debo admitir que era un asco, estaba nerviosa y por lo mismo me corté la palma de la mano con uno de los vidrios que estaban en el suelo.
-¡Hay! – me dolió mucho y en ves de correr al baño a lavarme la mano, decidí seguir trabajando. La cabeza me daba vueltas por el ruido infernal del viento.
Cuando al fin logré cerrar la puerta y apaciguar un poco el viento, vino el bajón de la adrenalina y me sentí un poco débil. Decidí que necesitaba ayuda. Me envolví bien en un cubrecama, cogí mis llaves y salí al pasillo.
Toc – Toc. Golpeé la puerta del departamento de Robert, quien se demoró nada en llegar a abrirme.
-¡Emilie! – casi muere de un infarto cuando me vio empapada de pies a cabeza y blanca como la cal, envuelta en un simple cubrecamas. - ¡¿Dónde estabas?! ¡¿Qué has hecho?! – me envolvió bruscamente con su cuerpo y me hizo pasar, cerrando la puerta tras de mi.
-E...es mi ventana… a...a…algo la ha golpeado y e…e...E…entonces estalló.- no me había dado cuenta que tenía la manta agarrada al la altura del cuello con la mano cortada, dejando una fea mancha de sangre en el cobertor. Me estremecí.
-¡Diablos! – Dijo con voz ronca, todavía estaba medio dormido.- ¿No pusiste las protecciones? ¡Emilie! – Me regañó.- ¿No ves que pudiste haberte hecho mucho daño? ¡Mira esa mano! ¡¿Qué te ha pasado?! ¿Tienes alguna otra herida? ¡Venga! – me tomó del brazo y me llevó directo al baño, me sentó en un taburete y comenzó a limpiarme la herida.
-No me di cuenta que fuera a ser tan grave la tormenta… además tenía muchas cosas en la cabeza… ¿Cómo me iba a acordar de algo como eso? – refunfuñé.
-Yo tenía las mismas cosas en la cabeza…- me miró directamente a los ojos.- Pero no por eso se me olvida resguardar mi vida… mira la palma de tu mano…- dijo examinándole a la luz de la lámpara.- Tienes suerte que no sea tan profundo…- y me puso un poco de tela pegada con adhesivo. – ¿Cómo terminaste tan mojada?- miró mi pijama empapado.
-Por que el vidrio de quebró entero… y mi habitación era como estar en medio del tornado e intenté salvar mis cosas preciadas… no podía dejar que no computador muriera en ese accidente… Dios… soy un desastre- dije desanimada. Me miré al espejo que había y me pareció que mis palabras eran más literales que nunca. Estaba pálida, ojerosa, con el cabello mojado cayendo desordenadamente sobre mi cara y con el pijama de algodón azul enteramente pegado a mi piel. Francamente horrible.
-Me parezco a ti – dije de pronto.
-¿Cómo? – puso cara de no entender.
-Me parezco a ti en Crepúsculo… soy peor que un vampiro.
-Jajaja ¿Segura no te has golpeado la cabeza? – rió. – Ven, tienes que secarte y cambiarte ropas, no puedes quedarte así mojada.
Me condujo a través de un pasillo hasta su habitación. Su cama estaba desecha, demostrando que le había despertado. Me sentó en su cama y luego entro a su closet.
-Mmm… no son ropas de mujer y creo que te quedaran bastante grande, pero por lo menos están secas.- dijo llevando un montón de ropas hasta mi.- Iré a prender la calefacción mientras te vistes ¿si? – me miró apenado y salio.
Me sentía agotada, me dolía el cuerpo entero y la mano me molestaba aún más. Me habría gustado meterme en esa cama que se veía tan reconfortante y calientita y no despertar jamás.
Su habitación era de color blanco invierno y todo iba a juego. El cobertor era del mismo color que las paredes, las cortinas eran amarillas y tenía una pequeña cajonera al lado de la cabecera de una cama de dos plazas con respaldo de caoba, que reconocí por que el de mi cama era igual.
Me encaminé al baño y ahí me cambie ropa, me puse una camiseta de algodón demasiado grande para mi y un chándal oscuro. Me sequé un poco el cabello con una toalla que me había pasado y luego salí a esperarle, sentadita con la cabeza apoyada en el respaldo de un pequeño sillón que había frente a su cama. Cuando él volvió, yo estaba media grogui.
-Emilie…- dijo con voz de resignación y poniendo los ojos en blanco. Luego se acercó a su cama y comenzó a tirar las tapas hacia atrás.
-¿Qué haces? – pregunte bajito.
-Cambiando sabanas y arreglando para que te acuestes. Yo dormiré en el living.
-¡NO! – me levanté de un salto.- absolutamente No, esta es tu cama y yo soy la que llegó de colada… No te preocupes por mi… me sentiré muy mal si es que tienes que dormir en un sillón por mi culpa….- dije con voz apagada. Era completamente honesta.
-Soy un caballero, me enseñaron que a las señoritas se les deja siempre lo mejor.- y siguió alegremente armando la cama. Quise pararme y ayudarle pero no me dejó.
-Por favor… no lo hagas…- estaba triste, me odie por hacerlo estar levantado a las tres de la mañana y encima atendiéndome como si fuera una inválida.
-Ven… Es hora que las señoritas se vallan a la cama .- había terminado de hacer la cama y la había abierto para mi, prendiendo a su ves el sistema de calefacción.
-Robert… no quiero… estoy bien aquí… y si te molesta que me quede en esta habitación también lo comprendo, me encanta tu sofá, será un honor dormir en él.
-Nada de cosas…- avanzó hasta mi y me tomó en brazos cargándome hasta depositarme dulcemente en el centro de la cama, luego me cubrió y me dio un beso en la frentes.
-Duerme bien princesa… no te preocupes, mañana te ayudaré con el resto.
-Eres tan dulce… - se me quebró la voz ¿Qué hubiera hecho si hubiese estado sola en casa y sin ningún amigo o vecino a quien recurrir? - ¿Qué hubiera hecho sin ti?
-Jajaja, Probablemente nada – le brillaron los ojos.-.
Sonreí y Luego, me sumí en la inconciencia, soñando el resto de la noche con remolinos de colores, mariposas que hacen cosquillitas y con ángeles que duermen en un sillón.
-Buenos días Bella durmiente.- Robert estaba arrodillado al lado de la cama y me hablaba muy bajito para que despertara. – Acaban de terminar de reparar el vidrio y llevé esta mañana toda tu ropa a la tintorería, he salvado algunas cosas que todavía estaban limpias y te las he traído si es que no te molesta.-
Abrí un ojo y luego el otro. El sol se veía alto en el cielo, por lo que deduje que eran más de las doce, me sonrojé de vergüenza por haber pasado de largo. Me restregué los ojos con las manos.
-Robert… ¿Por qué no me has despertado antes? Yo debería haber hecho eso… No debiste haberte molestado…
Sonrió.- No es molestia… además, me encantó verte dormir… No podía permitirme despertarte antes. Te es hermosa con esa cara de paz.- Me guiñó un ojo.
-Gracias… pero de todos modos…- agaché la cabeza por que estaba segura que me mentía, me conocía bastante bien para saber que duermo con la boca abierta y babeo todo a mi alrededor.
-Ahora… ¿Quieres levantarte o prefieres seguir durmiendo un rato más? A mi no me molesta para nada que te quedes… O tal ves… ¿Tienes hambre? Puedo hacerte desayuno. – sonrió sinceramente.
-De ningún modo, bastante has hecho por la pasada noche y hoy, lo menos que puedo hacer es levantarme, ordenar y luego dejarte tranquilo.
-¿Crees que quiero que te vallas? Mmm… quédate conmigo hoy…-suplicó con voz dulce- Por favor…- y acunó mi cara en una de sus manos. Para qué describirles las mariposas de nuevo, ustedes ya deben saber.
-Si eso es lo que quieres…- me gustó la idea-Pero ni modo que me quede en cama, no estoy enferma y puedo bien con esto – levanté mi mano vendada- ¿Ves? Está mejor hoy, así que te ayudo.
-Que valiente eres. –luego sonrió y dijo- Te dejé toallas limpias en el baño y tu bolso con la muda de ropa también. – se dio media vuelta y entonces se dispuso a abandonar la habitación, pero antes que cerrara la puerta le dije
-¡Hey! Gracias por todo…
-De nada. – sonrió y salió.
-Ajam…- él estaba sentado en su sillón con su laptor encima de las piernas.- Ahora si.
Me había bañado, peinado y vestido, ahora si estaba presentable. Resultó que Robert había encontrado mi bolso de viajes, el que tenía preparado para haber ido ese fin a ver a mi Madre, pero que no había podido usar por que los vuelos se habían cancelado por la tormenta, que a esas alturas ya era solo un recuerdo.
-¡Qué rápida eres! Tenía entendido que las mujeres pasaban horas y horas en los baños… - se carcajeó.
-Fíjate que cuando te has acostumbrado a correr las mañanas para llegar a la universidad a tiempo y viéndote de una manera decente, puedes hacer lo que sea en dos minutos - me reí con él.
- Bien…
-Bien…
Hubo un momento de silencio incómodo y de repente nos miramos y explotamos de risa.
-¿Emilie?
-Mmm… ¿si?
-¿Quieres salir a pasear hoy conmigo? Quiero mostrarte un lugar que… un lugar que encontré.
-Bueno.
Antes de salir, me mostró como había quedado la ventana. Habían cambiado entero el vidrio y mi habitación estaba igual como había estado antes de que se rompiera el cristal. Al parecer mi padre no se daría cuenta de lo que había sucedido.
-¡Wow! ¿Cómo lo has hecho? ¡Te debe haber costado una fortuna!
-Nada.- se encogió de hombros.
-Tienes que darme el recibo para poder devolvértelo.
Sacó un papel de su bolsillo y comenzó a romperlo delante de mis ojos.
-No te lo daré por que ya no existe.- sonrió.
-¡Robert! – Le regañé.- Entonces dime…
-Dejémoslo en que he ayudado a una amiga que me ha ayudado siempre… fin del lío.
-Robert…- lo mire feo y luego corrí hacia él para quitarle los restos del recibo, como fuera iba a pagarle. - ¡Dámelo!- lo tenía entre sus manos escondido en la espalda.
-No Emilie, no te lo daré. –
-¡OH que sí! – le abrasé tratando de alcanzar sus manos.
-No vas a poder.- se burló de mi y lo levantó por sobre su cabeza.
-¡No es justo! ¡Todo por que soy bajita! – intenté saltar, pero me tropéese con la alfombra que estaba mal puesta y me caí encima de él.
Robert soltó los pedacitos de recibo para lograr atraparme, entonces se desequilibró y caímos los dos juntos bajo una lluvia de papelitos amarillos.
Entonces, mis manos pasaron por los costados de su cabeza, atrapándolo, quedando nuestras caras a escasos centímetros.
-Yo… lo siento.- intenté levantarme, cohibida por la manera en que me miraba. Entonces cuando estaba levantándome, puso sus manos en mi cintura y me giró de tal manera que quedé bajo él. Me costaba respirar, pero no tenía nada que ver con su peso.
Luego me besó en una mejilla, sonrió coquetamente, sin despegar sus ojos de los míos y tiró de mí hacia arriba, ayudándome a levantarme. Claro que tuvo que sostenerme un segundo más por que me había quedado un poco grogui de la impresión.
-Jajá jajá.- rió de mi impresión y luego me dio un abrazo.
- Eso no fue gracioso…- dije con voz entrecortada.
-A ¿No? – levantó una ceja de manera sugerente. Lo empujé hacia atrás.
-Basta… esto no puede seguir así. Es un Sí o es un No, no puedes venir y decirme que no quieres tener nada conmigo por que quieres protegerme de que se yo que cosa… y luego hacer cosas como estas, no es justo para mi. Dije que te iba a ayudar… pero eso no implica que cada ves que me encuentres con la guardia baja te vallas a aprovechar de la situación. ¿Soy yo la que tiene que resistirse? Tu sabes que te quiero… sabes que me gustas… sabes que te adoro, pero Robert… también tengo sentimientos, también sufro, también me dan ganas de besarte y en momentos, como este, darte otro de esos golpes que te dí ayer. Lo siento… pero creo… pero creo que estas jugando conmigo y eso no lo voy a aceptar. – se me había hecho un nudito en la garganta.
-No estoy jugando contigo, eso lo sabes bien… pero… pero…
-¡Pero qué! ¡Dios! Robert… si quieres alguien para conquistar o probar tu hombría sal a la calle y seduce a cualquiera de esas niñitas que babean por ti… yo no soy como ellas, yo no voy a dejar que hagas lo que te de la gana conmigo cuanto quieras, y cuando no quieras me dejes botada sola… No, no soy como esas- Me puse a llorar.
-Emilie…- acunó mi cara entre sus dos manos y me miró con ojos adoloridos.- Te quiero…
-¡Suéltame! No quiero verte… Eso no cuenta si haces todo para refutar tus palabras. ¿Podrías irte por favor? ¡Quiero estar sola! – me había aburrido de verdad.
-No me voy a ir por que no quiero hacerlo… ¿Sabes? Al diablo lo de más… -se cortó un poco.- Tu… Emilie Montgomery… ¿Quieres ser mi novia? Pero la de verdad… - me preguntó nervioso.
Y yo quedé helada en mi lugar, lo miré, hice un par de pucheros y me fui a sentar al sillón.
¿Por qué se había demorado tanto en preguntarlo? ¿Por qué había hecho las cosas tan difíciles?
-Yo voy a entender si es que no quieres… tal vez quieres a alguien más joven que yo. No te preocupes en decirlo, o tal vez… no lo sé.- se encogió de hombros y puso cara de tristeza.
-Discúlpame.- le dije con voz llorosa.- es solo que me has tomado por sorpresa… ¿Pero que pasó con el plan “Yo soy famosos y no quiero hacerte daño”?
- Al diablo- repitió- ¿Cómo seguir con algo que nos está haciendo daño a ambos? Soy inconciente, soy infantil… pero no tanto como para seguir con esto.
-Dame una respuesta concreta, algo que me convenza que el día de mañana no vas a salir corriendo por que te tomaron una maldita foto caminando conmigo de la mano. No quiero que el mundo me conozca, pero de todos modos… ¿Qué harías? ¿Qué arias si me descubren? ¿Si te preguntan sobre mí? ¿Si me da por pegarle a un fotógrafo por molestoso? – me reí en la última parte.
- La respuesta es que eres demasiado importante para mí como para no estar contigo… ¿Cómo no lo entiendes? Hace mucho tiempo que no me enamoraba de nadie… y que nadie se enamoraba de mí por lo que soy yo. Además, esto ahora no tiene nada que ver con eso… lo otro es mi trabajo… esta es mi vida y yo te quiero a ti en ella. - ¡Wow! Se me aceleró el corazón y sonreí. – Todo está en ser cuidadosos…
-Tú empezaste con eso, te dije que lo encontraba una soberana estupidez, que no tenía nada que ver pero como nadie me escucha…
-Bien…lo que nos lleva de vuelta a la pregunta original. – Retorció las manos nervioso- Mira, sé que he hecho todas las cosas mal este último tiempo… pero no puedo más…
-Mmm…- No tengo idea de por qué, pero se me vino a la cabeza Caroline. Esto es lo que ella quería para ella. Me reí en mi interior y me dije a mi misma que ella no lo conocía ni la mitad de lo que creía que lo hacía. Robert era un hombre muy distinto a como se mostraba en público y me produjo gracia creer que Caroline se habría obsesionado mucho más si lo conociera de verdad… era tan amoroso, tan sobre protector, tan divertido…
-¿Cuál de nosotros dos se resiste más a darle al otro lo que quiere?- pregunté suspirando. – Tú sabes que te quiero más que a nadie… ¡¿Qué es esa pregunta tonta?! ¡Claro que quiero ser tu novia! – chillé entre risas nerviosas.
-¿De verdad?
(Use Somebody – King of lion)
-Robert… te amo.
-No, yo te amo mucho más…- y corrió hacia mí, me levantó entre sus brazos y sonrió. – Tú no puedes imaginarte lo feliz que me hace esto…
-No, tú eres el que no sabe cual feliz soy yo…- y me incliné para chocar mi frente contra la suya.- Te quiero, te quiero, te quiero y te vuelvo a querer.
-Entonces… Ajam…- Intentó ponerse serio y se aclaró la garganta.- yo... entonces ¿puedo…?
No le dije nada, solo sonreí feliz y asentí con la cabeza.
-¡Valla! No pensé que fuera a ser tan complicado… lo siento, estoy un poco nervioso… creo que es la falta de práctica, ya sabes… – Se inclinó un poco y luego retrocedió, parecía realmente complicado.- ¡Diablos Robert! ¿Cómo no puedes darle un simple beso a la mujer que amas? – se regañó a así mismo.
-No te preocupes… lo puedo hacer yo.- Sonreí igual de nerviosa que él y me agaché hasta estamparle un beso en los labios. Eran muy dulces y me gustó mucho sentir como respondían suavemente a mi beso, así como sentir sus manos tiernas que se apretaron más en torno a mí y su respiración que se acompasó a la mía mientras ambas se volvieron muy lentas, sincronizadas.
Lo quería tanto… tanto como no había querido nunca antes a nadie… Se borraron de mi cabeza los Lucas Johnson, los Thomas Hale ni nadie más nunca, solamente Robert y Yo. Estaba segura que este era un amor especial y no me importaba que Robert tuviera cinco años más que yo, que mis padres no lo fueran a aceptar ni mucho menos lo que fuera a pensar Caroline (No hablábamos mucho ahora) cuando se enterara que había conocido al chico que a ella le gustaba y que ahora era mi novio oficial. Lo amaba y me parecía increíble todo lo que había pasado ese fin de semana. Él era el mejor hombre del mundo.
-Eres tan cálida…- me acarició el cabello.- y buena… ¿De dónde vienes Emilie?
-De tus mejores sueños jajaja.- me reí.
- Debes haber sido de ahí mi cielo… – puso los ojos en blanco.
-Mi cielo…- dije eso pensativa. A esas alturas ya estábamos sentados ambos en el sillón, muy acurrucados uno junto al otro. – Me gusta como suena eso… aún que sea un poco egocéntrico.
-No es egocéntrico, es lo que eres.
-Eres Lindo…te quiero.
-Aun que… quedan algunas cosas…- dijo poniéndose un poco serio. -¿Le diremos a tus padres que estamos juntos? Yo estoy por que les digamos… me hace creer que esto va en serio.
-¡Diablos! No se me había ocurrido pensar en eso…Pero… pero… mmm… - dudé, conocía bien a mi padre para entender el escándalo que hubiera hecho si supiera que Robert y yo estábamos solos y éramos Novios, aun que nada hubiera pasado. – No lo sé… creo que eso sería un poco…mmm… limitante.
-¿Por qué lo dices? George es un buen tipo, además tenemos una buena relación.
-Por que conozco a mi padre hace más tiempo y sé que no me dejaría sola ni un segundo mientras tú vivas a medio metro y mientras seas mi novio… y – agregué.- No creo que podamos hacer esto en frente de él.- me acerqué más y le robé un beso un poco alocado.
-Mmm… ¡Valla! No había pensado de esa manera.- sonrió y se pasó una mano por el cabello.- Creo que tienes razón… Pero me sentiría culpable si él no sabe, tu padre me ha apoyado mucho y me sentiría totalmente traidor. Emilie, creo que deberíamos decírselo.
-¿Ya está decidido?- pregunté apenada.- ¿Seguro no podemos esperar solo un par de días más? – hice un puchero, tenía terror a lo que mi padre nos podía decir. Yo no tenía ningún problema en que Robert tuviera un par de años más que yo ¿Pero y si a mi padre le molestaba? En todo caso no podría cambiar nada, pero bastante desagradable sería tener que mentirle y decirle que habíamos terminado o algo como eso. Lo que yo proponía era omitir cierta información.
-Emilie… por favor…
-Dame dos semanas para prepararle Psicológicamente, solo dos semanas y ya está… además ¿No será emocionante tener que ir por la vida fingiendo no ser nada? Las cosas se pondrían mejor cuando pudiéramos estar solos. – lo dije inocentemente, lo más inocente que pude. Robert me miró feo.
-No ahí trato.- dijo alejándose un poco de mí.- Mientras tus padres no sepan, no te tocaré ni un pelo. – se cruzó de brazos y yo lo miré con cara de odio.
-¿Eso es lo que quieres? ¿Crees que puedes resistir a mí? – lo miré escéptica.- No lo creo – y me reí irónicamente.
-¿A no? ¿Quieres probarlo? – me desafió.
- Te apuesto que no puedes hacerlo.- alcé una ceja.
- Ja. Como quieras. – tomó el control remoto, prendió la televisión y puso el canal del football. A mi se me abrió ligeramente la boca de indignación.
-Veamos si no puedes.- me paré en frente de la televisión, para luego caminar hacia él y me tiré en sus brazos. Se puso rígido, no me quiso abrazar.
-Desgraciado…- murmuré por lo bajo.
Me acomodé de tal manera de quedar sentada en su regazo y luego le rodeé el cuello con los brazos. Él seguía tenso.
Me acerqué a él e intenté besarle pero sus labios estaban igual de rígidos, al punto que no respondió. De pronto, mi cólera había llegado a un punto insostenible pero insistí.
-Cuidado Emilie…- dijo Alegre de pronto tomándome de la cintura y pasándome hasta dejarme muy bien sentada a su lado. – No juegues con fuego por que te puedes quemar.- sonrió dulcemente.
-No tengo miedo. – respondí terca y me quedé de brazos cruzados a su lado, echando chispas a mi alrededor.
¿Me creen que me hizo ver un partido entero del Manchester United contra el Chelesea? De ves en cuando me dirigía una mirada de soslayo, y apretaba la boca para no reír. Al final me quedé dormida apoyada en su hombro. Él no me tocaría pero yo si a él. De pronto sentí como se movía su hombro con una carcajada, me rodeó por la cintura y me dio un beso en la frente.
-¿Ves que no puedes?- levanté la cabeza triunfal.
-Cuando éramos amigos también hacia eso, así que no vale.
-Menudo tramposo… ¡está bien! Pero tú le dirás… yo no me entrometeré en la conversación, te lo advierto.
-¿En cerio? Mmm… me parece bien, entonces ya puedo hacer esto…- se inclinó para besarme.
- Tu no sabes la manera en que te odio en este momento…- susurré entre el beso.
-¿Por qué?
-Por que te necesito más que al aire.
-Mmm…- gimió.- eso me gusta mucho.
- Tramposo… -repetí.
Pasamos una tarde muy agradable, vimos un par de películas, cocinamos un pastel y en la tarde noche, salimos a pasear de la mano por el parque que estaba en frente de nuestro edificio.
-¿Te veré mañana? – preguntó Robert mientras nos abrazábamos en modo de despedida.
-Tengo clases hasta las cinco… si quieres puedes ir a buscarme. – respiré su olor que simplemente era delicioso.
-Me parece bien…- dijo complacido.- Entonces nos vemos en la tarde ¿OK? Te quiero cielo… duerme bien ¿Si? – sonrió y me dio un beso tierno, tuvo que agacharse bastante para llegar a mi cara.
-Yo mucho más a ti.- no quería que se fuera, no quería dejarlo pero era necesario. Lo apreté fuerte por última vez.- Duerme bien también mi amor.
Levantó una ceja divertido.
-¿Qué pasa? – pregunté.
-Nunca me habían dicho “Mi amor”, sonó divertido.
Me sonrojé mucho y pensé que había cometido un error, me revolví nerviosa y me separé un poco de él.
-Au… ¿Te incomoda? – estaba realmente acongojada.
-Tontita…- dijo tomando mi cara entre sus manos.- Es lo más lindo que me han dicho nunca… y me alegro que seas tu.- apoyó su frente contra la mía, luego me estampó un beso en ella y me soltó.
-Hasta mañana…
-Hasta mañana… - miré hacia abajo nerviosa. Era estúpido que después de un día lleno de cosas hermosas, todavía su presencia me afectara tanto… pero, a fin de cuentas, me encantaba esa sensación y esperaba que no se fuera jamás.
Ambos caminamos de espaldas hasta encontrar nuestras respectivas puertas y sonreímos antes de cerrarlas.
La semana se fue volando. Papá no regresaría hasta ese domingo por lo que teníamos por lo menos algún tiempo para pasar a solas, por muy mínimo que fuera.
Robert andaba todo el día de aquí para allá por la ciudad, puesto que estaban haciendo las fotos promociónales para esa película que gravaba cuando nos habíamos conocido y sin contar su intensa preparación para la nueva película de la saga Twilight. Eclipse empezaría a rodarse en un par de semanas y los actores estaban sometidos a un exhaustivo entrenamiento para unas escenas de acción. Robert llegaba cada día más muerto que vivo debido a las horas en el gimnasio. Yo por mi parte estaba enfrascada en los exámenes de final de semestre, que se acercaba a grandes pasos. Por suerte, me había ido bien en todo y solo Química Orgánica era lo que me molestaba, pero estaba segura que lo pasaría aun que fuera con una nota B.
El sábado en la noche antes a que llegara mi padre, organizamos una salida a bailar. Yo no era ninguna maravilla en las artes de la danza y Robert tampoco pero salíamos más que nada a entretenernos un rato. A las 11:30 me pasó a buscar.
-¡WOW! ¡Emilie! Te ves…- se mordió el labio inferior.- muy guapa…- puso cara de picardía.
-JAJAJA Buen chiste… hice lo que pude – mentira, en realidad me había demorado un par de horas en arreglarme pero al parecer me veía bien. Un TOP de lentejuelas gris y un jeans negro pitillo y tacones, todo a juego con una cazadora negra.- Gracias.
-Creo… Creo que me están dando ganas de quedarme.
-Ni lo sueñes bobo… ¡is the party in the USA! – canté levantando los brazos.
-Bueno… ¿Aún que yo parezca un espantapájaros? – se miró de arriba a abajo con ojo crítico.
-Eres el espantapájaros más guapo del mundo… ¿Acaso no lo sabías? – le guiñé un ojo. – Así que es tiempo de fiesta… vamos.
Entramos al Club y estaba lleno, hacía mucho calor así que pronto nos despojamos de las chaquetas. Era un lugar muy normal y la gente no se volteaba a mirarle, estaban acostumbrados a encontrarse con todo el mundo, así que nadie de fijó mucho cuando Robert y yo entramos a la pista tomados de la mano.
Resultó ser que mi bailarín no era tan malo después de todo, y descubrí que para bailar se necesita solo una buena pareja de baile.
Jay-z, keany west, Rihana y de todo, hasta canciones de Miliey Cyrus bailamos entremedio.
Cuando estábamos en la mitad de una divertida coreografía que habíamos inventado, alguien golpeó el hombro de Robert, quien se dio vuelta a ver quien había sido.
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